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Accidente de Chernobyl: Cerrar las centrales nucleares
Escrito por LIT-CI   
Viernes 25 de Marzo de 2011 01:59
Presentamos la declaración del Secretariado Internacional de la LIT-CI referida al accidente nuclear de Chernobyl, ocurrido en 1986 en la ex URSS (en el norte de Ucrania), para el conocimiento de nuestros lectores.

El 26 de abril último ocurrió el grave accidente en la central nuclear de Chernobyl, en Ucrania, Unión Soviética. Al momento de escribir esta declaración Gorbachev reconoce que 9 personas fallecieron y que casi 300 están internadas por sufrir los efectos de la radiación. Medios capitalistas occidentales afirman que los afectados serían muchos más y que las consecuencias ecológicas no pueden cuantificarse por ahora.

Si los datos son dudosos, es por la entera responsabilidad del gobierno soviético, que en los primeros días ocultó el desastre, no dio la alarma inmediata y no suministró la información necesaria. Sólo la intensa conmoción pública, sobre todo internacional, llevó a las autoridades del Kremlin a explicar el hecho, y aun así limitadamente.

Esta vacilación culposa de la burocracia rusa permitió que los gobiernos de los países europeos y de Estados Unidos, distorsionaran el acontecimiento, apoyados en el legítimo temor de los pueblos ante la posibilidad del desplazamiento de las radiaciones atómicas a sus propios territorios. Pero esto es lo menos importante. Lo fundamental es que, bajo el pretexto de calificar a las centrales nucleares soviéticas de “rústicas” e inseguras, ocultan al mundo que un desastre nuclear puede ocurrir también en Occidente. El afán de lucro de los monopolios imperialistas hace que ellos mismos desarrollen usinas nucleares, quizás algo más seguras pero que tampoco toman en cuenta el bienestar de la población. No hace mucho esto quedó demostrado por el grave accidente de Three Miles Island, en pleno corazón de Estados Unidos.

La energía atómica, es cualitativamente superior a las otras energías descubiertas y aprovechadas por el hombre. Es la expresión más alta del progreso tecnológico y del desarrollo de las fuerzas productivas materiales de la civilización actual. Pero es cualitativamente más peligrosa. Un error técnico de las energías hidráulica o eléctrica pueden producir efectos graves; pero el error técnico de la atómica, como en Chernobyl, produce catástrofes irreparables. Este peligro se hace gravísimo porque todavía la ciencia no ha logrado dominar plenamente a la energía atómica.

Peor aún, como todos los demás descubrimientos científicos, ha sido utilizado por el imperialismo para su servicio. En el caso del átomo, apenas se descubrieron sus calidades generadoras de energía, se utilizó para la fabricación de la bomba atómica. Hiroshima y Nagasaki son el primer hito del proceso de barbarización atómica, por parte del imperialismo. Hasta hoy la energía atómica ha sido utilizada preferentemente para producir armas sofisticadas de guerra. Sólo un 12 al 15 por ciento de la industria nuclear está dedicada a usos pacíficos. Esto ocurre así cuando la carrera armamentista y la militarización del cosmos ponen a la humanidad al borde de la guerra nuclear.

El mayor peligro proviene, pues, de quienes controlan la energía atómica: imperialistas y burócratas, que marginan a los pueblos de su control directo. Ni en la URSS ni en las “democracias” imperialistas, los pueblos deciden qué tipo de centrales nucleares se construirán y en qué lugar situarlas. Los pueblos no pueden oponerse cuando consideran que su instalación constituye un real peligro para sus aldeas y ciudades. ¡Ninguno de estos gobiernos puede garantizar un correcto uso de la energía nuclear!
¡Ante este peligro, todos los gobiernos que producen armas atómicas son irresponsables! No tenemos confianza en los gobiernos y los monopolios imperialistas que, para garantizar las ganancias de sus empresarios, están dispuestos a ir a la guerra nuclear. No tenemos confianza en las burocracias del Kremlin y de Pekín, que impiden el control democrático de los trabajadores sobre el estado, la industria, las usinas nucleares y el armamento.

Porque en la actualidad no existe la posibilidad de que se concrete un acuerdo global que elimine los riesgos de la radiactividad atómica, la eliminación de los residuos, el uso de la energía nuclear para la carrera armamentista y la militarización del espacio cósmico, estamos por el cierre de todas las centrales atómicas.

¡No cuestionamos la técnica y el progreso! ¡Cuestionamos el uso irresponsable de esta técnica que conduce a la liquidación de nuestra civilización!

Por lo tanto, llamamos a los obreros y a los pueblos del mundo a movilizarse activamente, levantando la bandera del cierre de las centrales nucleares.

A los pueblos europeos del Este y el Oeste que enfrentaron la tragedia de dos guerras mundiales devastadoras, les decimos: Únanse, para ir más lejos que las campañas progresivas de las organizaciones antinucleares y ecologistas. Que el aluvión de su fuerza movilizadora y revolucionaria haga cerrar una a una las centrales atómicas tanto de Europa Occidental como Oriental. Igual tarea les corresponde a los pueblos de Estados Unidos y de los otros países donde están instaladas.

Para evitar un desastre atómico, ¡liquidemos el manejo irresponsable de la energía nuclear por el imperialismo y la burocracia!

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