| Trotsky y la prensa obrera |
| Escrito por Cecilia Toledo |
| Domingo 09 de Octubre de 2011 02:14 |
La prensa revolucionaria siempre tuvo un papel de suma importancia para los marxistas y para la construcción del partido revolucionario. Pero ¿cómo hacer para que el partido mantenga una buena prensa, un buen periódico, cómo ampliar el espacio y la influencia de la prensa revolucionaria entre los trabajadores, cómo escribir artículos claros y a la vez atractivos, que capten la atención de nuestro lector, cómo disputar el espacio en la conciencia de la clase trabajadora con la prensa burguesa? Esas y otras cuestiones siempre formaron parte de nuestras preocupaciones. Siempre buscamos descubrir el secreto de hacer un periódico que fuera una herramienta de aglutinación de los militantes, de enlace entre aquellos que estuvieran dispuestos a luchar por la revolución socialista.
Una de las mejores evidencias del papel esencial de una buena prensa revolucionaria la encontramos en León Trotsky. Para él, la prensa revolucionaria era tan fundamental que acabó confundiéndose con su propia vida militante. En cada paso de su intensa trayectoria de intelectual marxista y militante revolucionario existió un periódico, a veces dos, incluso tres. Fuera en la prisión, fuera en el exilio, en la guerra o dentro del tren blindado corriendo a alta velocidad para combatir la contrarrevolución, Trotsky nunca perdió la oportunidad de escribir para un periódico.
Lenin, que consideraba esa una de las tareas más difíciles del partido - crear un periódico popular - vio en la entrada de Trotsky al Partido Bolchevique la solución a ese problema.
Enfatizaba el hecho de que la creación de un órgano popular para esclarecer la política del partido para las masas era una tarea que exigía una gran experiencia. “Por eso el CC quiere conseguir la colaboración del camarada Trotsky, que tuvo éxito en la creación de su órgano popular Rússkaya Gazeta”, decía.
Pero al contrario de Lenin, Trotsky dejó pocos escritos sobre la cuestión del periódico. Uno de ellos es El periódico y su lector (en Cuestiones del Modo de Vida) donde él insiste en el cuidado que debemos tener en la presentación de nuestros periódicos. Pero si vamos investigando sus pasos, podemos encontrar buenas pistas sobre su trabajo en los periódicos, suficientes para creer que no había ningún gran secreto en él, solo una buena dosis de sensibilidad y una confianza absoluta en la clase trabajadora y en la fuerza de las ideas revolucionarias.
Obviamente que del tiempo en que Trotsky vivió y militó hasta hoy, la forma de hacer y distribuir un periódico obrero cambió mucho. Pero el objetivo de ese periódico continúa prácticamente siendo el mismo.
Los primeros periódicos
El primer periódico hecho por Trotsky se llamaba Nashe Delo (Nuestra Causa). Era un periódico clandestino y circulaba por las fábricas de la ciudad de Nikolaiev, en Rusia, donde funcionaba la Unión de Obreros del Sur de la Rusia. Esa organización fue fundada por Trotsky en 1897, junto con sus amigos estudiantes y un grupo de obreros. Tenía cerca de 250 miembros, la mayoría trabajadores manuales.
Es bueno enfatizar la importancia que Trotsky atribuía a la calidad y a la presentación gráfica de los panfletos y periódicos que hacían, y el extremo cuidado con que escribía los textos. Él cuenta:
“Yo me sentaba a escribir los panfletos o los artículos, que después incluso yo me encargaba de la copia impresa de la tabla. Aún no sabíamos que existían las máquinas de escribir. Me preocupaba en trazar las letras con la mayor meticulosidad, pues tenía la preocupación de que ningún obrero, incluso que solo supiera escribir, dejara de entender los panfletos y manifiestos salidos de nuestra ‘prensa’. Cada página me costaba dos horas por lo menos. A veces pasaba semanas enteras con la espalda doblada y solo me levantaba de la mesa para asistir a alguna reunión o dar un curso para los obreros. Quedaba feliz cuando llegaban los informes de las fábricas y talleres contando la ansiedad con que los obreros devoraban aquellas hojas misteriosas con letras en color violeta, pasándolas de mano en mano y discutiendo acaloradamente su contenido. Para ellos, el autor de esos panfletos debía ser un personaje importante y misterioso, que sabía penetrar en todas las industrias, que averiguaba todo lo que ocurría entre los obreros y se adelantaba a los acontecimientos por medio de una hoja nueva al cabo de veinticuatro horas”.
El Nashe Delo iba muy bien y tenía gran acogida entre los obreros de Nikolaiev. Pero en enero de 1898, Trotsky fue capturado y deportado a Siberia.
Un periódico tras otro
En 1902, Trotsky huyó de Siberia y fue a Londres, donde se unió al grupo de socialdemócratas rusos, dirigido por Lenin. Ahí, colaboró en la redacción de la Iskra(Chispa), periódico encabezado por Lenin, Martov y Vera Zasulich.
En el proceso revolucionario de 1905, él tuvo una participación tanto teórica como práctica. Hizo trabajo de agitación y una intensa actividad propagandística. Escribió tres periódicos a la vez: la pequeña Russkaia Gazeta (Gazeta Rusa), que publicaba junto con Parvus, y que transformaron en un órgano de lucha de las masas. En poco tiempo, el periódico pasó de 30 mil a 100 mil ejemplares vendidos, logrando alcanzar el tiraje de medio millón de ejemplares en los primeros días de diciembre de 1905; eran de hecho condiciones bastante precarias en relación a los recursos gráficos. El 13 de noviembre de 1905, apareció el Natchalo (Inicio), órgano político que fundó con los mencheviques.
Esa vida atribulada de Trotsky en el calor de la revolución de 1905 es descrita por Isaac Deutscher:
“De las asambleas, Trotsky corría a sus oficinas en los talleres de redacción, pues dirigía y codirigía tres periódicos. El Izvestia del Soviet aparecía en intervalos irregulares y era producido con ingenua valentía (...). Además de eso, Trotsky consiguió, con la ayuda de Parvus, que vivía en Petersburgo, obtener el control del periódico liberal Russkaya Gazeta, que se transformó en un órgano popular del socialismo militante. Poco después fundó con Parvus y Martov un periódico de gran circulación: Nachalo (Inicio), visto como portavoz del menchevismo. En realidad, Nachalo era sobre todo el periódico de Trotsky, pues él imponía las condiciones a los mencheviques: el periódico defendería la ‘revolución permanente’.”
Capturado en la represión a la insurrección de 1905, Trotsky es nuevamente deportado a Siberia, en 1907, y nuevamente consigue huir de allá. Pasa a vivir en Viena, en Austria, en donde, a partir de octubre de 1908, Trotsky comenzó a publicar en ruso el periódico Pravda (La Verdad). El periódico aparecía dos veces al mes y estaba destinado a los obreros, entre los cuales tuvo muy éxito. La publicación duró tres años y medio, y a pesar de ser solo bimestral, exigía un trabajo enorme y agotador, porque la correspondencia secreta con Rusia llevaba muy tiempo.
Cuatro años después, los bolcheviques comenzaron a publicar en San Petersburgo un periódico con el mismo nombre. Trotsky responsabilizó al bolchevismo por el plagio, y dejó de publicar el Pravda en Viena. Pero después pasó a colaborar en el Pravda publicado bajo la dirección de Lenin.
A partir de 1912, con la inminencia de la Primera Guerra Mundial, Trotsky comienza a trabajar como periodista en el Kievskaia Mysl (El Pensamiento de Kiev), que le ofreció un cargo de corresponsal de guerra en los Balcanes.
Los años de 1912 y 1913, Trotsky se dedicó a estudiar la situación política y social en Serbia, Bulgaria y Rumania. Ahí él aprendió mucho sobre la guerra, cuyas lecciones le serían útiles no solo en 1914, sino también en 1917. Y el periodismo fue la forma que él encontró para mejor expresar sus ideas, colocando su material al servicio de la lucha contra la guerra.
Isaac Deutscher recuerda que, para hablar de la guerra, Trotsky narra las aventuras de un único soldado, revelando por medio de ellas todo el horror de los campos de batalla. En el texto intitulado El Séptimo Regimiento de Infantería de la Epopeya Belga, escrito en 1915, Trotsky describe las experiencias de De Baer, un estudiante de Derecho de la Universidad de Lovaina que concentra en sí incluso todo el drama de la Bélgica invadida y ocupada. Trotsky acompaña su saga desde el inicio de la guerra, las batallas, los cercos, las escapatorias, el nacimiento del patriotismo entre el pueblo invadido, los absurdos de la guerra. El estudiante sufre asombrosos tormentos en las trincheras y, enviado a un hospital en Francia, se descubre que es muy miope para ser soldado y es despedido. Abandonado por las fuerzas militares en un país extraño, no consigue empleo; y cuando Trotsky lo conoce, él está pasando hambre y vistiendo trapos. Con el foco centrado en De Baer, Trotsky reprodujo el drama vivido por millones de jóvenes soldados como él, y, con eso, no hizo demagogia, solo mostró el absurdo de la guerra.
Mientras la guerra asolaba a Europa, Trotsky escribió en Zurich el folleto La Guerra y la Internacional, uno de los primeros documentos marxistas de carácter antibelicista. En ese texto, dirigido en primer lugar contra los socialdemócratas alemanes, él explica que el deber de los socialistas era defender una paz democrática, sin anexiones o indemnizaciones, por la autodeterminación de las naciones oprimidas.
En enero de 1917, Trotsky va a Nueva York, en los Estados Unidos. Allá colabora con la redacción del Novy Mir (El Nuevo Mundo), que tenía como redactores a Nikolai Bukarin, Alessandra Kolontai y V. Volodarsky. Escribe una serie de artículos analizando la revolución rusa. Comparando esos artículos de Novy Mir con las cartas que Lenin escribió en la misma época (las Cartas de Lejos), que enviaba de Zúrich a Petrogrado, se percibe la concordancia con el análisis y las perspectivas de la revolución rusa.
En marzo de 1917 Trotsky vuelve a Rusia y publica artículos en el semanario que fundó: Vperiod (Adelante), órgano de los miembros de la Organización Interdistrital. El periódico apareció hasta que la organización de los internacionalistas ingresó en el Partido Bolchevique, habiendo alcanzado los 16 números.
Victoriosa la Revolución de Octubre, Trotsky es nombrado Ministro de Guerra y pasa gran parte del tiempo viajando por todo el país en un tren blindado. En el tren, además de las actividades militares, escribió mucho y publicó un periódico llamado V Puti (En el Camino), donde diariamente se informaba de las acciones y las batallas ocurridas.
Sirviendo al lector
Los periódicos de Trotsky siempre lograban mucho éxito. “Eso no sorprende a nadie que revise las colecciones de los periódicos y los compare: los periódicos de Trotsky tenían mucho más brillo y fuerza de expresión”, dice Deutscher en El Profeta Armado. Pero ¿por qué sus periódicos atraían tanto a los lectores?
Lógicamente, son incontables los factores que pueden llevarnos a hacer un periódico atractivo y escribir bellos textos. Sin embargo, uno de ellos es imprescindible: la sensibilidad para con los problemas humanos. A Trotsky le gustaba decir que sus periódicos no servían para explicar nada al lector, pero sí, servían al lector.
Acostumbrados a ser tratados por la prensa burguesa como ignorantes, objetos descartables, imbéciles que necesitan ser educados, los trabajadores, cuando encuentran un periódico que los trata como lo que realmente son - sujetos -, tienden a oír mejor sus ideas y a sentir que allí está alguien que se interesa por ellos.
“Estimados compañeros periodistas: el lector les suplica que eviten darles lecciones, hacer sermones o ser agresivos, pero sí, que describan clara e inteligiblemente lo que pasó, donde y como. Las lecciones y las exhortaciones resaltarán por sí mismas”, aconseja.
La preocupación en escribir de forma clara, saber relacionar los hechos entre sí y bajar todo a tierra, con ejemplos concretos, eran otros atributos del periodismo de Trotsky. Él no usaba el periódico solo como agitador, en el sentido de abrir sus páginas para informar hechos o agitar banderas. Sus periódicos eran fundamentalmente órganos de propaganda. Él escribía artículos que tenían una carga explicativa muy grande.
En síntesis: para Trotsky es preciso hacer un periódico para un lector vivo, despierto para la lucha diaria por la vida y para los problemas políticos. El lector tiene necesidad de que se manifieste interés por él, incluso cuando no siempre sabe cómo expresar ese deseo. Fue movido por esa idea y con ese lector en mente que él consiguió hacer periódicos socialistas que se agotaban en el acto, disputados ávidamente por obreros, soldados y campesinos, estuvieran donde estuvieran.
* Cecília Toledo es periodista e integrante de las redacciones de los periódicos Versus (1978-1979), Convergencia Socialista (1979-1982 y 1984-1994) y Opinión Socialista (1996-hoy). _________________________________________
Sepa más
Recomendamos las obras a continuación:
Literatura y revolución (Leon Trotsky)
Mi Vida (Leon Trotsky)
El Profeta Armado (Isaac Deutscher)
Lenin - Obras Completas (tomo 32)
Trotsky en el Espejo de la Historia (Gabriel García Higueras)
Fuente: Opinião Socialista, nº 425, de 08 a 29 de junho de 2011.
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Un periódico tras otro















