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Diez años tras el 11/09: Crisis del imperialismo y resistencia de masas
Escrito por Bernardo Cerdeira   
Martes 13 de Septiembre de 2011 02:11
Los 10 años del atentado a las torres gemelas del World Trade Center fueron recordados por los medios de comunicación de todo el mundo.

El gobierno de Estados Unidos promovió una ceremonia, con la presencia de Obama y George W. Bush, en el Marco Cero, situado en el cráter que quedó tras la caída de los edificios. El homenaje fue televisado para todo el mundo con el objetivo evidente de capitalizar el acontecimiento para el imperialismo y levantar de nuevo el “fantasma” de la amenaza terrorista.

En los miles de cuadernos especiales, artículos y programas televisivos dedicados al tema, el 11 de septiembre de 2011 fue caracterizado de diferentes maneras, desde como el “evento que definió el inicio del siglo 21” hasta como un “giro histórico”, recordando la “guerra al terror” y la invasión de Afganistán y Irak. Otros analistas enfatizaron la “decadencia del imperio americano”, las guerras que se arrastran y la crisis económica, llegando incluso a decir que “Bin Laden venció”. Pero, para los trabajadores y los pueblos oprimidos de todo el mundo, cual es el real significado del 11/09?

Los atentados: un pretexto para una “guerra contra los pueblos”

El aspecto fundamental de los atentados que derrumbaron las torres gemelas fue su utilización por el gobierno de George W. Bush para desencadenar, bajo el pretexto de “guerra contra el terror”, una verdadera “guerra contra los pueblos”, intentando principalmente controlar los países productores de petróleo y las vías de acceso a ellos. 

Fue esa la verdadera razón para el ataque a Afganistán, vía de acceso fundamental al petróleo de la Asia Céntrica; a Irak, país que detiene la segunda mayor reserva mundial del producto y del apoyo a la tentativa de golpe contra Chávez en 2002. 

El imperialismo intentó ir más allá: desencadenó una ofensiva no solo militar sino política, ideológica y económica plasmada, por ejemplo, en los Tratados de Libre Comercio, como el ALCA, con el objetivo de someter y saquear las riquezas de los países explotados.

Los atentados de 11/09 fueron tan útiles para estos propósitos que hay evidencias que el gobierno de Bush, informado por la CIA y por el FBI, tenía conocimiento de los preparativos de la Al-Qaeda y no tomó ninguna medida, dejando correr los acontecimientos y aprovechándose de las repercusiones del hecho.

No es casual que el mismo Bush llamó los atentados de “el Pearl Harbor del siglo 21”, comparándolos con el ataque de Japón a Estados Unidos en 1941. Cabe el paralelo, ya que hoy está comprobado que Franklin Delano Roosevelt, presidente americano en la época, supo con anticipación del ataque japonés y que tampoco tomó ninguna medida y lo utilizó como pretexto para justificar la entrada de los Estados Unidos en la Segunda Guerra Mundial.

Fue la resistencia de las masas que colocó en crisis la ofensiva *imperialista

No hay duda que el atentado del 11/09 tuvo enorme repercusión, no solo porque el imperialismo lo utilizó, pero porque la acción se prestaba a ello ya que se dio en la principal ciudad del mundo, centro del país más poderoso de la tierra y contra uno de los símbolos del capitalismo.

Sin embargo, interpretaciones que parten del punto de vista de que un atentado terrorista pueda ser el factor determinante para definir guerras, crisis económicas y la decadencia del país imperialista más fuerte del mundo son mecánicas, simplonas y hasta ridículas. Tienen como base una concepción de la Historia de la humanidad definida por actos de individuos o grupos, sean conspirativos, traidores o heroicos. No pasa de una tentativa de la clase dominante y sus ideólogos de encubrir los poderosos movimientos de las clases en lucha y de las contradicciones en la base de la economía mundial.

La verdad es que los acontecimientos posteriores al 11/09 fueron definidos en el terreno de la lucha de clases mundial. Fue la resistencia armada de los pueblos iraquí y afgano que provocó miles de bajas en las Fuerzas Armadas de los Estados Unidos, las más poderosas del mundo. Tras años de guerra y desgaste, el gobierno Obama tuvo que decretar la retirada de las tropas norteamericanas de esos dos países. E incluso esta salida aún es parcial. Los Estados Unidos se encuentran “empantanados” en una terrible contradicción: tienen que salir, pero no pueden permitir que la resistencia afgana, encabezada por los talibanes, salga victoriosa o que el débil gobierno de Maliki en Irak sea derrocado. 

Posteriormente, la crisis económica mundial, que continúa afectando especialmente a los países imperialistas - Estados Unidos, Europa y Japón – se desarrolló a partir de las contradicciones internas del capitalismo mundial (la caída de la tasa de ganancia, el crecimiento vertiginoso del capital financiero especulativo), agravadas por los enormes gastos con el presupuesto militar despendido en las guerras.

La solución del imperialismo, tras algún tiempo, viene siendo la “clásica” salida capitalista para las crisis: hacer que los trabajadores soporten los sacrificios, por medio del desempleo, de la pérdida de conquistas y de los cortes en los presupuestos sociales de los gobiernos.

Y hasta ahora, viene consiguiendo imponer sus planes, no solo porque cuenta con la ayuda de gobiernos “progresistas” y “nacionalistas” sumisos, como también con la colaboración de burocracias sindicales y políticas en el mundo entero que ayudan a imponer los planes a cambio de migajas de la mesa de los grandes capitalistas. Los Estados Unidos, a pesar de la crisis y de su decadencia, continúan y continuarán a ser el imperio central, no solo por su enorme hegemonía militar y superioridad tecnológica como porque no hay un competidor a la vista.

Los únicos que pueden cambiar esta situación son los trabajadores y los pueblos explotados de todo el planeta. Las grandes acciones de masas que vienen ocurriendo en el mundo entero son una demostración de ello, principalmente de la parte de los trabajadores europeos y de los jóvenes “indignados”, que vienen resistiendo a los planes del imperialismo, luchando por su supervivencia y acelerando la decadencia del monstruo.

La Revolución de las masas árabes es el verdadero protagonista de la Historia

Diez años tras el 11 de septiembre, es la revolución de las masas árabes contra sus regímenes dictatoriales capitalistas y pro imperialistas, y no el terrorismo, que asume el lugar de protagonista de la Historia. Fueron los trabajadores, jóvenes y desempleados del Egipto, Túnez, Siria, Yemen y Libia que salieron a las calles y dieron sus vidas para derrocar regímenes odiados. La Al Qaeda y otros grupos terroristas, que diez años atrás intentaban capitalizar el odio de las masas árabes contra el imperialismo de los Estados Unidos, no desempeñaron ningún papel en la Revolución Árabe.

La explicación es sencilla. Cuando millones de personas toman sus destinos en las propias manos y luchan por ellos, las acciones aisladas y desesperadas de pequeños grupos son totalmente eclipsadas por estos grandiosos acontecimientos que constituyen las Revoluciones.  Por más que, curiosamente, el imperialismo intente resucitar la amenaza terrorista, la mayor lección del 11/09 es que nada puede sustituir la acción revolucionaria y a auto-organización de la clase trabajadora y de las masas populares. 

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