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Inglaterra y Gadafi: lazos peligrosos
Escrito por Cecilia Toledo   
Lunes 12 de Septiembre de 2011 03:23
La gran victoria del pueblo libio contra la dictadura de Gadafi está ayudando a la clase trabajadora de otros países a conocer mejor a sus propios gobiernos.

Aquí, en Inglaterra, Tony Blair, del Partido Laborista que, cuando fue primer ministro de 1997 al 2007, acostumbraba hacer discursos defendiendo la democracia y los derechos humanos, acaba de ser desenmascarado por una revelación bomba: su relación secreta con el dictador libio Muhamar Gadafi. Que los gobiernos burgueses e imperialistas mantengan relaciones con dictadores, no es novedad. Pero, que esa relación contenga una cooperación estrecha para violar los derechos humanos del pueblo libio y masacrar a la oposición contra un gobierno que se decía anti-imperialista, ya traspasa todos los límites.

Esta semana un importante periódico inglés, The Independent (4/9), hizo revelaciones sorprendentes sobre esa relación entre Inglaterra y Gadafi, revelaciones estas que echan por tierra cualquier argumento de los seguidores de Gadafi en el seno de aquellas corrientes de izquierda que tratan de mostrarlo como anti-imperialista. El periódico divulgó documentos encontrados por la Organización de Derechos Humanos de la ONU, que estaban en el escritorio de Moussa Koussa, entonces jefe de espionaje de Gadafi en Trípoli, que comprueban que Inglaterra, por medio del M16 (servicio secreto), y los EE.UU., por medio de la CIA, actuaban en sociedad con Gadafi para reprimir a la oposición al régimen del dictador libio. Entre otras revelaciones, los documentos muestran que Inglaterra, durante el gobierno de Blair, ayudó en la captura de uno de los líderes de la oposición al régimen de Gadafi antes de ser enviado de regreso a Libia, donde fue brutalmente torturado.

Una mano lava la otra
 
“La complicidad de Londres en la captura de Abdel-Hakim Belhaj, comandante militar de las fuerzas rebeldes en Trípoli, queda revelada en una carta escrita por un oficial del MI6. En ella, él recuerda de esta manera que fue el servicio de inteligencia de Inglaterra el que comandó la captura del Sr. Belhaj cuando era el líder del Libyan Islamic Fighting Group (Grupo Islámico Combatiente de Libia), antes de ser entregado al gobierno libio”, dice el periódico. La “confesión de culpa” de Belhaj habría sido obtenida por medio de una "progresiva técnica de interrogatorio". Belhaj reveló, en la época, que había sido torturado durante el interrogatorio. El oficial del M16 escribió: "Eso fue lo mínimo que nosotros podríamos hacer por ustedes y por Libia para demostrar la estrecha relación que construimos durante los años recientes”.

Tan cercana era la relación entre los dos gobiernos, que varias agencias de inteligencia europeas usaron los servicios del MI6 para también capturar a sus propios libios sospechosos de ‘terrorismo’. Los servicios secretos sueco, italiano y alemán contaron con la ayuda de la agencia inglesa y su ligazón con Trípoli para esas acciones. Un indicio de la fraternal relación entre la inteligencia británica y sus socios libios son las cartas intercambiadas entre Londres y Trípoli, todas encabezadas por las frases "Saludos del MI6" y "Saludos del SIS".

Aunque los documentos revelen datos de la época en que Tony Blair estaba en el gobierno, hay indicios de que existan también relaciones entre Inglaterra y algunos miembros del nuevo gobierno libio, el CNT (Consejo Nacional de Transición).

Los documentos revelan también que las agencias de seguridad británicas daban detalles sobre la vida de los opositores de Gadafi en el exilio, incluyendo números de teléfonos. Entre los “espiados” estaba Ismail Kamoka, puesto en libertad por la justicia británica en el 2004 por no considerarlo una amenaza a la seguridad nacional de Inglaterra.

¿Gadafi anti-imperialista?

Aquí, en Inglaterra, muchos luchadores de izquierda y otros grupos que se reivindican “marxistas”, desataron una verdadera inundación de críticas al pueblo libio por haber derrocado, “con la ayuda del imperialismo”, al “anti-imperialista” Gadafi. Hacen coro con Chávez y Castro, diciendo que el imperialismo quería derribar a Gadafi para apoderarse del petróleo y controlar Libia y, por lo tanto, habría que defenderlo contra esa agresión.

Sin embargo, esos documentos, ahora revelados, demuestran el tipo de “anti-imperialismo” que Gadafi defendía; era un anti-imperialismo de palabra y un pro-imperialismo de política. La colaboración estrecha entre su régimen y los gobiernos imperialistas quedó nuevamente confirmada por la revelación documentada de que los servicios de inteligencia imperialistas hacían su papel, fuera de Libia, de identificar, espiar y apresar a los luchadores de la oposición a Gadafi y, después, los entregaba de regreso al dictador para que él los torturase en sus prisiones siniestras. Si faltaba alguna prueba, ahora no falta nada.

El caso es preguntarse: si Gadafi fuese realmente anti-imperialista, ¿cómo entender el por qué de esa colaboración que viene desde el 2002, cuando la CIA y el M16 comenzaron un compromiso activo con los agentes de inteligencia libios para sofocar los fuegos de la oposición dentro del país?

Los hechos son los hechos

Los que hoy defienden a Gadafi dicen que este fue víctima de una agresión imperialista y, por eso, es obligación de los revolucionarios defenderlo. Sin embargo, los hechos demuestran lo contrario. No hubo tal agresión imperialista contra Gadafi, porque el imperialismo lo defendía y tenía un acuerdo con él para reprimir juntos a la oposición, como demuestran ahora los documentos encontrados. Las protestas que acabaron por derribar a esa dictadura que ya duraba 42 años, comenzaron a ser más fuertes a partir de febrero del 2011. La detención de un activista por los derechos humanos en Bengasi, el día 15, fue la gota de agua que dio inicio a una ola de protestas por todo el país, incendiando a una población ya cansada y presta a explotar. La reacción violenta de Gadafi contra los manifestantes, usando armas y tropas entrenadas por Inglaterra y armamento antiguo comprado a la ex URSS y a otros países, incluso Brasil, y también armas químicas, propagó las protestas, animadas por la revolución en Egipto y Túnez. Lo que empujó al pueblo libio a la revolución fue el propio gobierno, una dictadura sanguinaria, que cerraba la puerta a todo movimiento de oposición, que venía entregando el petróleo al imperialismo sin que eso se revirtiese en beneficios para la población, sumergida en pésimas condiciones de vida.

Los hechos son categóricos. La intervención imperialista vino después que las protestas ya se habían esparcido y los rebeldes amenazaban ocupar los pozos de petróleo. A pesar de toda la represión, Gadafi no consiguió controlar una insurrección que crecía cada vez más, tras lo cual las potencias imperialistas intervinieron en el sentido de detener al movimiento de masas y garantizar la continuidad capitalista en Libia, por medio de un gobierno burgués encabezado por el CNT.

Otra acusación contra los rebeldes es que ellos no son luchadores honestos, revolucionarios que dan la vida para derribar a la dictadura en Libia. Serían, en realidad, agentes imperialistas infiltrados en medio del pueblo, armados por las grandes potencias para derrocar a Gadafi y así abrir el camino para el control imperialista del país. La intervención imperialista en Libia, como intento de controlar la insurrección de las masas, realmente, da margen a ese tipo de interpretaciones, porque muestra a todo el proceso altamente contradictorio. Pero, esa es una interpretación fácil, porque es mecánica. El imperialismo, en muchas ocasiones, usó ese expediente, de armar mercenarios para alcanzar sus fines. En Libia es posible que eso también haya ocurrido, pero si analizamos los hechos fríamente, queda claro que si eso ocurrió no fue lo determinante. La mayoría de los rebeldes no forma un ejército regular, como debería ser previsto en caso que fuese preparado por el imperialismo. Al revés de cascos, botas, uniformes con protección anti-bombas, lo que se ve son personas sin ningún tipo de protección en la cabeza, sin zapatos o con chinelas en los pies, y ropas raídas. ¡Nada parecido a soldados o mercenarios de un ejército imperialista! En cuanto al armamento, en general son armas arrancadas a la propia dictadura, gracias a que los rebeldes consiguieron invadir muchos de los depósitos de armas de Gadafi para apoderarse de fusiles y ametralladoras.

Todas esas acusaciones contra los rebeldes no tienen sustento alguno en la realidad. Si fuesen agentes del imperialismo, sería difícil creer en su capacidad de contaminar todo un país. En caso que el de Gadafi hubiese sido un gobierno democrático y no una sanguinaria dictadura, en caso de que se tratase de un gobierno que garantizara buenas condiciones de vida a la población, y no un gobierno corrupto y explotador, difícil sería creer que algunos mercenarios consiguieran llevar adelante una insurrección que centralizara a todo el pueblo con tamaña fuerza, que enfrentó un ejército muy bien equipado y echó abajo a ese mismo gobierno.

En cuanto a Gadafi sí, hay pruebas irrefutables de su alianza con el imperialismo, de sus intentos de sofocar a las masas a cualquier costo para continuar en el poder. Por eso son tan importantes los documentos revelados ahora por la Organización de Derechos Humanos de la ONU y divulgados por The Independent, mostrando los lazos peligrosos entre Gadafi, Inglaterra y Estados Unidos para mantener el saqueo del pueblo libio.

Los trabajadores ingleses tienen, ahora, más de un motivo para no creer en las mentiras del Labour Party y deben exigir inmediatamente una retractación pública de los dirigentes de ese partido, que deben ser sentenciados por haber colaborado con la prisión, tortura y muerte de muchos activistas libios de oposición. También tienen más razón para continuar combatiendo al gobierno conservador de Cameron, que continúa bombardeando Libia y busca imponer su política a través del nuevo gobierno del CNT y tiene como objetivo desarmar los comités populares del pueblo libio. Los trabajadores ingleses necesitan mostrar ahora todo su apoyo a la lucha del pueblo libio por la libertad, exigiendo del gobierno inglés la inmediata desactivación de los servicios secretos del M16 y la apertura total de sus archivos.

Traducción: Laura Sánchez

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