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España: nuestras diferencias con DRY
Escrito por Felipe Alegría y Mariucha Fontana   
Viernes 05 de Agosto de 2011 02:24
Democracia Real Ya (DRY), presentó un documento titulado “El Pacto del Euro: porqué lo rechazamos y propuestas alternativas”.

Aunque DRY aclare que no contiene todas sus propuestas sino sólo una parte de ellas, principalmente las relacionadas con el Pacto del Euro, es un documento en el que queda ya muy claro el programa y la visión estratégica que defiende DRY en relación al Estado español y al mundo.

En Corriente Roja tenemos acuerdo completo en rechazar el Pacto del Euro y en someter a Referéndum sus medidas, de la misma forma que tenemos acuerdo con diferentes propuestas concretas que hace DRY. Pero tenemos también diferencias abismales con la estrategia y el programa global que refleja este documento. Para utilizar un lenguaje del 15M, estamos radicalmente en contra de este programa y estrategia y proponemos una estrategia y un programa radicalmente diferente, aunque podamos tener acuerdo y luchar juntos por varias medidas que DRY plantea, con las que coincidimos.

Corriente Roja reivindicamos toda la movilización masiva, el 15M, el 15J, el 19J y las asambleas en contra de ésta que “llaman democracia y no lo es”, contra los planes del gobierno y el Pacto del euro. Toda esa movilización es totalmente progresiva y necesaria. Demostró que es posible luchar y que ni los partidos del régimen ni la burocracia sindical (CCOO y UGT) nos representan, ésta última porque ayuda al gobierno y a los partidos del régimen a aplicar los planes de los banqueros contra la clase trabajadora y la mayoría de la población.

También queremos decir que una cosa es la movilización y las asambleas y otra es la transformación de todo este movimiento en organización: el “Movimiento 15-M”. A nosotros nos parece bien crear una organización de masas dispuesta a luchar, ya que las que existen ya no nos sirven para ello, como cuando una vieja herramienta se desgasta: al conciliar y pactar una y otra vez con la patronal y con el gobierno, se volvieron en contra de la base y en contra de la lucha. Pero cuando se pretende construir una organización, esto tiene que ser hecho de modo totalmente democrático y con amplia y profunda discusión sobre sus objetivos, su estrategia y su programa. DRY y el Movimiento 15M no son lo mismo, es cierto. Pero el programa que defiende DRY tiene mucha incidencia en el 15M. Entonces es necesario discutir en profundidad sus planteamientos porque la juventud y los trabajadores que acudieron en masa a las manifestaciones tienen el derecho a saber, debatir y definir el rumbo del movimiento.

DRY, por otra parte, tiene una gran virtud: escribe sus propuestas y las presenta al movimiento. O sea, DRY, que a nuestro juicio es una organización política, con la cual tenemos acuerdos tácticos importantes, pero también diferencias estratégicas abismales, no se esconde. Cosa diferente de la que ocurre con otros sectores, que plantean propuestas más reduccionistas y limitadas todavía, incluso claramente reaccionarias a nuestro juicio, como son las de UPyD en relación a las Autonomías, y lo hacen sin presentarse a las claras.
 
Nuestras diferencias con DRY

La primera y más importante, y desde donde creemos que derivan casi todas las demás, es que DRY defiende el sistema capitalista. A pesar de su slogan “no somos mercancías en manos de políticos y banqueros”, DRY defiende la propiedad privada de los medios de producción, a las multinacionales españolas y, también, a los bancos privados, para los que sólo reivindica que se les controle más “desde el Banco de España”…para que tengan “una conciencia de protección de los ciudadanos”. No plantea, pues, la expropiación de la banca y de las grandes corporaciones para ponerlas bajo control de los trabajadores y el pueblo y al servicio de la reorganización de la economía y la creación de empleo.

El sistema capitalista es un sistema de explotación. DRY no cuestiona el sistema, sino sólo la política económica actual del sistema: el neoliberalismo. Contrapone a esta política, medidas “keynesianas” para rescatar el “Estado de bienestar”. Ocurre, sin embargo que tales propuestas, lejos de ser asequibles, son totalmente inviables para el capitalismo actual. Igual que ocurrió con las propuestas de Lord Keynes, que sólo fueron útiles para la clase capitalista después de que ésta protagonizara previamente una tremenda destrucción de fuerzas productivas (con la Gran Depresión y la II Guerra mundial). Pero, además y sobre todo, las “concesiones” del “Estado de Bienestar”, lejos de ser un proyecto democrático burgués voluntario e implantado pacíficamente, fueron arrancadas al acabar la II Guerra Mundial, cuando el ejército nazi y los aparatos estatales se habían derrumbado, los soldados americanos en suelo europeo no estaban en absoluto dispuestos a enfrentarse a los pueblos del continente y el pueblo estaba armado en la Resistencia y a las puertas del poder en países clave como Francia e Italia.
 
No hay un programa de rescate del pueblo trabajador

En el documento de DRY sobre el euro, no se plantea la exigencia de retirada de las reforma laboral o de la negociación colectiva, que son armas de guerra en manos de la patronal y tampoco hay ninguna medida seria contra el paro, más allá de la mención a la escasez del crédito a la PIME y a que trabajamos demasiadas horas. En las propuestas programáticas sobre las que se constituyó DRY se habla de “reparto del trabajo fomentando las reducciones de jornada y la conciliación laboral hasta acabar con el desempleo estructural (por debajo del 5%)”. Pero esto no es en verdad ningún plan de reparto del trabajo, entre otras cosas porque esta medida no se puede llevar a cabo dejándolo en manos de los empresarios (“fomentando las reducciones de jornada…”). La patronal, por lo demás, ya lo está haciendo a través de contratos a tiempo parcial forzados, con salarios de miseria y sin derechos. En realidad, una de las grandes reivindicaciones patronales es justamente generalizar los contratos a tiempo parcial totalmente flexibilizados.

El reparto del trabajo sólo puede lograrse imponiendo una ley general que obligue a la patronal a implantarlo y a que lo haga, además, sin reducción salarial. Una primera concreción en este sentido es la reivindicación de una ley de 35 horas semanales sin recorte de salarios. Esta exigencia, arraigada en toda la izquierda sindical, no aparece sin embargo entre las propuestas de DRY. Ni tampoco la reivindicación de un subsidio indefinido de desempleo para los parados mientras no encuentren trabajo, que es sustituida por el restablecimiento del subsidio de 426€ por seis meses que instauró temporalmente Zapatero. Tampoco vemos la exigencia de un amplio plan de obras públicas y sociales para atender las necesidades de la población y crear empleo.

Sobre la vivienda, el documento sobre el pacto del euro se limita a la dación en pago, no recoge lo que es una demanda general, la congelación inmediata de todos los desahucios por causa del paro y se olvida de lo que la propia DRY planteaba en sus propuestas iniciales: la “expropiación por el Estado de las viviendas construidas en stock que no se han vendido para colocarlas en el mercado en régimen de alquiler protegido” (lo que nosotros decimos expropiar el millón de viviendas vacías en manos de la banca y las inmobiliarias para crear un parque público de alquiler popular).

Sobre las pensiones, la propuesta de DRY se limita a afirmar que “hasta acabar con el desempleo juvenil” no se debe aumentar la edad de jubilación a los 65 años (¿y después sí?), desconociendo el rechazo abrumador de la población al pensionazo, que exige reclamar la inmediata retirada del mismo. También es de destacar que en su apartado programático “Servicios públicos de calidad”, no tome postura contra las privatizaciones ni exija la reversión a manos públicas de los servicios privatizados.
 
DRY no cuestiona la Unión Europea y tiene un enfoque nacionalista español

DRY no cuestiona el euro ni la Europa del Capital, la UE, y deja de lado la exigencia fundamental del no pago de la deuda pública, cuando éste es el mecanismo básico de robo, empobrecimiento masivo de la población y ruina del país, en beneficio de la banca alemana, francesa, española y de los fondos especulativos. No hay, por otro lado, ningún sentido de la urgencia ante la catástrofe social a la que estamos abocados. El documento de DRY, respetando el cuadro de la UE, defiende, por el contrario, un planteamiento profundamente nacionalista español en el que la salida de la crisis está directamente asociada al fortalecimiento del sector exportador español, apoyando a multinacionales españolas como el Grupo Meliá, Indra, las constructoras FCC y Ferrovial, el grupo Zara… todas ellas, por lo demás, íntimamente vinculadas al banco Santander y al BBVA. Se supone, entonces, que hay que establecer una alianza con estos grandes grupos capitalistas e, indirectamente, con la gran banca española a la que están indisolublemente asociados.

Pero no hay solución dentro del euro y de la UE. Mantenerse en este marco es la catástrofe para la clase trabajadora y las clases medias. No hay solución sino es rompiendo con la Europa del Capital, tomando medidas drásticas anticapitalistas en defensa de los intereses del pueblo y luchando para levantar otra Europa, la de los trabajadores y los pueblos, una Europa Unida Socialista.
 
Silencio sobre las aventuras imperialistas del gobierno español

En las propuestas programáticas iniciales de DRY hay un punto del que sólo se menciona el título, “Reducción del gasto militar”. Este punto, sin embargo no ha sido después desarrollado. DRY no denuncia el papel de socio menor del Estado español en las aventuras imperialistas de Afganistán, Libia o Líbano, ni exige la retirada inmediata de las tropas españolas de estos países, ni la salida de la OTAN.
 
Las reivindicaciones democráticas

Otra diferencia con DRY es que, al no romper con el sistema, las reformas democráticas que propone, al menos hasta al momento, son limitadas y se plantean además en el marco de la Constitución del 78. DRY defiende la eliminación de los privilegios de la casta política, una nueva ley electoral y la introducción de mecanismos de democracia participativa como los referéndums vinculantes. Son propuestas progresivas, con las cuales concordamos, pero DRY omite grandes problemas democráticos que son centrales:

1) No propone un referéndum sobre Monarquía-República para echar a la Monarquía, que es clave de bóveda del actual régimen político y a la que nadie dio su voto

2) No habla para nada del derecho de las nacionalidades a su autodeterminación. En realidad, “desconoce” la propia existencia de las nacionalidades oprimidas. Nosotros no somos “independentistas” y defendemos una unión libre entre los pueblos del Estado, pero una unión libre presupone el derecho a la independencia y la defensa intransigente de sus derechos como pueblo de Catalunya, Euskal Herria y Galiza.

3) DRY exige la independencia judicial, pero no menciona que esto no tiene ninguna relevancia sin una profunda depuración del aparato judicial, de todos aquellos jueces y fiscales cómplices de la corrupción y de medidas contra los derechos democráticos.

Del mismo modo que hay que depurar a todos aquellos altos cargos vinculados a los negocios de las grandes empresas, que dominan los altos organismos del Estado.

4) Tampoco habla DRY de poner fin a los privilegios y subsidios a la Iglesia.
 
“Ciudadanía” por encima de las clases

Otra diferencia que tenemos y que también se deriva de la primera, es que DRY niega la centralidad a los trabajadores, a la clase obrera y, por eso, habla de “ciudadanía”, porque no se propone romper con el orden capitalista y su Estado. No defiende por tanto una lucha de los trabajadores y sus aliados populares, incluida la pequeña burguesía, el pequeño empresario, en contra de los bancos y monopolios. Al revés, DRY ve una alianza que llega hasta el gran empresariado exportador para hacer reformas. Es por eso también que no se pronuncia de forma categórica en defensa de medidas claras en pro de los trabajadores y en contra los capitalistas. Por lo contrario, en muchas asambleas se ponen al frente de rechazar cualquier propuesta que hable de las reivindicaciones obreras, tachándola de "clasista" y "exclusiva". Es también por ello que se explica su oposición y reticencias ante propuestas básicas de lucha como la de preparar una huelga general.
 
El pacifismo de DRY

También queremos señalar nuestra diferencia respecto a su pacifismo. DRY se proclama “pacífica y niega como principio el derecho a la autodefensa de los trabajadores y del movimiento frente a las fuerzas represivas, que existen exactamente para reprimir a la gente que se enfrente al orden social, a su “Estado de derecho” y a la propiedad privada de los bancos y de las empresas. Pero una cosa es oponerse a las acciones aventureras y a la violencia gratuita y otra bien distinta no alertar al movimiento de que la estructura represiva del Estado (más aún en este régimen que donde la Transición no tocó un pelo a los aparatos estatales heredados del franquismo, como el aparato judicial, la policía, las FFAA y la propia Monarquía) va a ser usada en contra el movimiento cuando éste vaya más allá.

Pero si DRY se declara “totalmente pacifista”, entonces debería defender la disolución del aparato represivo del Estado, lo que no hace. En algunas asambleas de Madrid gente de la “comisión de respeto” llega a defender el absurdo de que si uno es agredido no debe reaccionar nunca para defenderse... Eso ¿qué quiere decir? ¿Que, por principio, a Franco o Hitler la gente no les debería haber combatido con las armas en la mano? Si es así, esto es totalmente reaccionario.
 
El método del “consenso”

Finalmente, DRY ha venido presentando el consenso como un método "nuevo", "innovador" de las asambleas. Pero no podemos olvidar que vivimos en un país donde la Constitución y las leyes esenciales que dieron el poder a los banqueros, a los militares, a los políticos corruptos (a todos contra lo que salimos a la calle el 15M), se aprobaron precisamente por "consenso", aceptando que una minoría, heredera directa del viejo régimen franquista, impusiera su voluntad e intereses a la inmensa mayoría.

El consenso es la negación misma de la democracia porque conduce a la imposición de una minoría sobre la mayoría y acaba paralizando la acción de lucha de las asambleas. Una cosa es buscar el máximo acuerdo, pero cuando éste no es posible, es la opinión de la mayoría la que debe prevalecer. El bloqueo real y la inoperatividad que agota a muchos/as activistas y va vaciando asambleas es un hecho tan irrefutable que hasta los grandes defensores del consenso, como DRY, hoy se ven obligados en lugares como Madrid a hablar de votaciones por mayorías de 4/5.

Julio 2011

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