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Prohibición del velo islámico ya hizo sus primeras victimas
Escrito por Cecília Toledo   
Viernes 06 de Mayo de 2011 02:48
La prohibición del velo en Francia por el gobierno Sarkozy ya hizo sus primeras víctimas. Tres mujeres que protestaban frente a la Catedral de Notre Dame, en el centro de París, fueron arrestadas, humilladas por la policía y forzadas a pagar multa por su rebeldía y a jurar que nunca más volverán a usar el velo en público.

Esto sin contar que muy probablemente esas mujeres, al llegar a su casa después de salir de la cárcel, habrán sentido otro golpe opresivo: el desprecio de la familia y el rechazo del marido. Aunque más no fuera únicamente por la prohibición, las mujeres de la clase trabajadora del mundo, todas las mujeres pobres y oprimidas, explotadas y violentadas, deberían levantarse contra Sarkozy.

Se prohíbe el velo en un momento crítico
 
La ley ha entrado en vigencia el 11 de abril del 2011, cuando el imperialismo y las dictaduras en el mundo árabe viven un momento extremadamente crítico. Parece muy inofensiva, pero no es. Prohíbe el velo islámico integral – la burca, que cubre a la mujer de la cabeza a los pies y tiene una apertura a la altura de los ojos, o el nijab, que cubre la cabeza y el cuello – en todos los espacios públicos, incluso reparticiones estatales, hospitales, agencias de correo y hasta transportes públicos y tiendas. Lo que significa que de ahora en adelante, una mujer con burca o nijab no podrá subir a un colectivo o al subte, no podrá tratarse en un hospital, no podrá enviar cartas y tampoco comprar en las tiendas; si lo hace tendrá que pagar una multa de 150 euros. El presidente de Francia, Nicolás Sarkozy, alega que “el velo aprisiona a las mujeres y su uso contraría valores seculares de Francia, como la dignidad y la igualdad”. (Diario Estado de S. Paulo, 11/4/11).

Cabe preguntarle al presidente qué es lo que más aprisiona a las mujeres: ¿el uso de velo o coartar su libertad individual e impedir que vivan libremente en Francia como todas las personas?

Prohibir el velo islámico en territorio francés es mucho más que arrestar a tres mujeres. Es una medida burguesa e imperialista de gran magnitud porque no se da en cualquier momento, sino en una situación especial. Hoy, gracias a una sumatoria de factores – crisis económica en Europa, desborde del proyecto imperialista de la Unión Europea, fracaso de la política de Bush y Obama en Irak y todo Medio Oriente, avance de una espectacular revolución en todo el mundo árabe que el imperialismo es incapaz de caracterizar y determinar su alcance que está tirando abajo a dictadores sanguinarios, agentes del imperialismo en la explotación del petróleo y de las masas árabes, sin que el imperialismo tenga claridad suficiente para saber adónde va a parar esa revolución – los gobiernos europeos están al borde de un ataque de nervios. Y apelan a medidas democrático-populistas de carácter dudoso, como prohibir el velo, procurando fortalecer su imagen ante los sectores de clase media, en general más sensibles a esas cuestiones.    

¿A qué viene la prohibición?

Pero las reacciones en contra que se vienen dando en el mundo entero no le dan a Sarkozy ninguna garantía de que va a lograr fortalecer su imagen. Prohibir el velo en Francia, donde hay miles de musulmanes viviendo y buscando trabajo con dignidad en un país que no es el suyo porque así lo impone el capitalismo, la sociedad de explotación en que vivimos y de la cual Sarkozy es uno de los máximos representantes, no es un ataque más que un gobierno burgués imperialista hace a las mujeres. Es un ataque a su lucha por la supervivencia.

En primer lugar hay que interpretar esta ley como un ataque a la clase trabajadora de conjunto, a todos los que son explotados, oprimidos, vilipendiados, desangrados cada día, cada hora, cada minuto por los capitalistas en todos los lugares del mundo. Porque no nos engañemos: hoy el ataque es contra un velo, pero si pasa, vendrán más ataques: a la dignidad, a los valores, a la cultura y creencias de los pueblos, para que hombres y mujeres sin más que su fuerza de trabajo, sin voluntad propia, sin opinión, sin cultura alguna, sean más susceptibles de manipulación.

En segundo lugar, quieren hacer pasar esta ley reaccionaria como libertaria, revolucionaria, avanzada. Pero es lo más atrasado que hay. Sarkozy quiere aparecer como un jefe de Estado que pone su aparato y sus recursos al servicio del combate a la opresión de las mujeres, como paladín de los derechos humanos. Los trabajadores franceses, los trabajadores árabes, las mujeres francesas y árabes, saben que no existe nada más lejos de la verdad. Saben que lo que hace el gobierno francés es utilizar el velo para encubrir uno de los más duros ataques a los derechos del pueblo trabajador, como viene ocurriendo en toda Europa, con violentos recortes sociales y jubilatorios, ataques a la salud y la educación públicas, que afectan a los sectores más debilitados del pueblo, entre ellos a las mujeres. Con una mano prohíbe el velo a las musulmanas; con la otra, condena a las francesas a una vida de miseria.

Con un discurso que exalta la dignidad y la igualdad, Sarkozy también trata de encubrir una política de incentivo a la xenofobia, de odio a los inmigrantes, a las minorías étnicas, a los trabajadores y pobres de culturas distintas a la francesa. Como si la cultura francesa fuera libertaria, respetuosa de las culturas foráneas. Que digan si fue así los pueblos colonizados por los franceses, sometidos por los colonizadores a un verdadero lavaje cerebral para que adoptaran una cultura “más elevada”; que digan si fue así los pueblos indígenas, aculturados a palo y hierro por los “nobles y cultos” franceses que así pudieron robar sus raíces, ocupar las selvas y apoderarse de sus riquezas; que digan si fue así los negros esclavos traídos de África, forzados a doblegarse a fuerza de látigo y ponerse al servicio de los amos franceses con una cuerda en el cuello.

Condenar la ley de Sarkozy no significa defender el velo islámico, que en última instancia significa una imposición religiosa y moral a las mujeres en contra de su voluntad, un símbolo de cómo la sociedad ve a las mujeres: seres inferiores que no tienen voluntad propia, unas pecadoras que deben salir cubiertas a la calle para no seducir al sexo opuesto, y peor, como propiedad de los hombres, que no tiene derecho a exhibirse en público para no despertar la ganancia del otro.

Pero la imposición del velo, así como su prohibición, no son dos políticas opuestas. Al contrario, son dos caras de la misma política de los gobiernos burgueses para someter a la clase trabajadora, para decir que “aquí quien manda somos nosotros, los gobiernos y los patrones”.  Y ahora que las mujeres son más de la mitad de la clase obrera mundial, que producen la riqueza igual que los hombres, y que por eso se sienten en el derecho de opinar, de protestar y participar de marchas y huelgas, que se sienten lo suficientemente fuertes como para tomar las armas y enfrentar a los ejércitos enemigos, paripassu con los hombres, el imperialismo les teme y por eso crea políticas específicas para controlarlas, para subyugarlas y mantenerlas calladas y en “su lugar”. En ese sentido también viene la ley de Sarkozy, ya que empezaron a aparecer mujeres-bomba, escondidas bajo las burcas y los nijabs.

El velo y la revolución

Hoy, cuando la revolución incendia los países árabes, la prohibición del velo significa un ataque a todos los rebeldes, hombres y mujeres que luchan contra las sanguinarias dictaduras que los oprimen y explotan hace años. Significa poner un grano más de humillación en la consciencia del pueblo árabe que, con toda la dignidad que aún logra reunir, y toda la fuerza que le proporciona la unión de hombres y mujeres, viene dando su sangre por la libertad y por una vida mejor. Ver a las mujeres árabes con velos que les cubren la cabeza o todo el cuerpo en las luchas callejeras en Egipto, Libia, Túnez, Yemen nos dice algo muy simple, pero que es mortal para Sarkozy y todos los gobiernos burgueses capitalistas: ante la miseria y la muerte, el velo es represión, sí, pero no un obstáculo intransponible para que las mujeres tomen las armas y se unan a los hombres para echar abajo una dictadura, expulsar el imperialismo de sus territorios y defender la riqueza del petróleo para la supervivencia de sus hijos, de su pueblo, de su país, de su cultura. “Una vez vencidos los verdaderos enemigos del pueblo árabe, ya veremos qué hacer con el velo”, decía una joven árabe con el nijab en la cabeza y los ojos bien abiertos. 

No será de las manos de Sarkozy que el velo caerá por tierra. Esa es una más de las grandes tareas que tiene por delante la revolución árabe: liberar a las mujeres de la opresión y a todo el pueblo trabajador del hambre y la miseria a que están sometidos hace tanto tiempo. Para esto se necesita la más amplia solidaridad de los pueblos del mundo. Por más que condenemos el velo y todas las costumbres retrógradas que oprimen a las mujeres, en este momento en el que las masas árabes enfrentan enemigos poderosos, el simple acto de pensar que Sarkozy tiene razón y que su medida es democrática significa una traición a los pueblos árabes, que se encuentran entre dos fuegos – el de su dictadura y el de la Otan – y que por eso necesitan toda su integridad, todo su coraje y todo nuestro apoyo para vencer esa guerra.

Por más que pelee Sarkozy, la historia es implacable: la abolición del velo será obra de las propias mujeres árabes, así como la liberación de los trabajadores y del pueblo pobre vendrá de las manos de los propios trabajadores. Y si no vencen esa guerra, los trabajadores tendrán muchas más víctimas que enterrar, como todos los rebeldes que serán decapitados por el imperialismo, el pueblo masacrado por los bombardeos, sin contar la vida de miseria que les espera en caso de que el imperialismo salga vencedor y transforme sus países en enclaves coloniales al servicio de las grandes potencias. La resistencia de las mujeres árabes que se niegan a abandonar el velo islámico hoy – por menor que sea su gesto y por más que se insista en que es sinónimo de opresión – es una actitud de resistencia a las imposiciones imperialistas que merece la solidaridad de las mujeres del mundo.
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