| Hay que llamar las cosas por su nombre: lo de Chávez es entrega y traición |
| Escrito por Bernardo Cerdeira |
| Jueves 05 de Mayo de 2011 02:00 |
Los hechos son bien conocidos: hace unos días, el gobierno venezolano detuvo y deportó a Colombia al periodista de origen colombiano Javier Pérez Becerra, director de la agencia de noticias ANCOLL.
En el momento de la detención, el gobierno sacó un comunicado donde justificó la detención alegando que Pérez estaba solicitado por la Interpol y tendría una “circular roja” por sus delitos relacionados con la guerrilla colombiana (“concierto para delinquir, financiamiento del terrorismo y administración de recursos relacionados con actividades terroristas”).
El gobierno del presidente Chávez aceptó la acusación del gobierno colombiano que Pérez Becerra es “cabecilla en Europa del frente internacional de las FARC” y culpable de múltiples actos de terrorismo y lo entregó en menos de dos días, sin siquiera el derecho a defenderse en una corte venezolana.
Este episodio es un hito en la política del gobierno Chávez hacia los militantes de izquierda buscados por regímenes represivos. Joaquín Pérez Becerra era un refugiado político en Suecia, país que le dio asilo después que logró escapar de Colombia como sobreviviente de la masacre de más de 5.000 militantes de la Unión Patriótica. Hace diez años le concedieron la ciudadanía sueca y él optó por dejar la ciudadanía colombiana.
La deportación provocó indignación entre militantes de izquierda de todo el mundo, muchos de ellos “chavistas” o simpatizantes del gobierno de Chávez. La indignación es justísima y necesaria. Pero hay que ir más allá de estas primeras reacciones. Si queremos extraer las lecciones de este episodio, hay que buscar las relaciones profundas que explican esta repugnante acción del gobierno de Chávez.
Entregar un refugiado político a un régimen dictatorial viola cualquier principio democrático
El régimen colombiano es conocido en todo el mundo por las más graves violaciones de los derechos humanos. Según denuncian numerosas organizaciones no gubernamentales, hay más de 50.000 desaparecidos en la guerra desatada por las FFAA y los grupos paramilitares.
Hay también más de mil casos de “falsos positivos”, civiles asesinados por el ejército y vestidos como guerrilleros para figurar como “bajas” del enemigo, y así contar “puntos” para los batallones del ejército. Y nos referimos únicamente a casos reconocidos por las FFAA y el mismo régimen.
En esta siniestra actividad represiva contrarrevolucionaria, el régimen colombiano cuenta con el apoyo militar, entrenamiento y logística del imperialismo yanqui, suministrados en el marco del Plan Colombia.
Por lo tanto, entregar refugiados políticos a este gobierno y su régimen asesinos es entregarlos a un estado paramilitar, títere del imperialismo, y condenarlos a la tortura, años de prisión y, tal vez, la muerte. Al entregar un refugiado político a un estado que no le va a garantizar su integridad física, tampoco su derecho democrático de defensa, el gobierno venezolano viola los más elementales principios democráticos y se transforma en cómplice del gobierno de Santos y del imperialismo.
Aquí hay que aclarar algo. No estamos hablando de principios revolucionarios, ni de principios comunes a la izquierda, ya que no podemos exigir a Chávez lo que nunca tuvo. Lo que decimos es que el gobierno venezolano abandonó los más mínimos principios democráticos tales como el asilo político y el derecho de defensa. Por lo tanto, hay que llamar las cosas por su nombre: se trata de una tremenda traición.
Chávez es el responsable directo de la entrega
Antes que nada, hay que decir que este episodio también sirvió para desenmascarar el viejo cuento de que Chávez se “equivoca” porque está mal asesorado y rodeado de corruptos, pero se mantiene “íntegro”.
El mismo Chávez se encargó de desmentirlo. Frente a la indignación de sectores que lo apoyan y acusaban sólo al ministro de Relaciones Exteriores, Nicolás Maduro, y al ministro de Información, Andrés Ivarra, Chávez dejó claro que la responsabilidad por la entrega de Pérez Becerra era totalmente suya. En el acto que reunió la dirigencia del PSUV en el Teatro Teresa Carreño, dijo varias veces, y en forma provocativa, “quémenme a mí”, y afirmó que no aceptaba que lo “chantajearan”:
"Yo vi ahí a unos señores de los que estaban quemando (al muñeco con el rostro de Nicolás), en vez de quemarme a mí, ¿por qué no me queman a mí? Pues, al muñeco pónganle la cara mía que yo soy el responsable, no es Nicolás, Nicolás cumplió una orden. Tarek El Aissami (ministro del Interior y Justicia) cumplió una orden mía, porque yo tomo las decisiones y asumo mis responsabilidades, aquí no van a estar chantajeándome a mí", dijo Chávez.
Además, hizo hincapié en dejar claro que la orden de deportación vino de él, repitiendo el cuento de la solicitud de Interpol:
“…Yo les respeto (a los manifestantes) sus criterios, pero a mí que me respeten, y que no estén quemando a mis ministros, quémenme a mí que soy el responsable de haber enviado a este señor al gobierno de Colombia, yo di la orden porque estaba solicitado por Interpol".
Chávez miente
En el mismo discurso, Chávez intentó responsabilizar además al gobierno de Suecia, a las personas que invitaron a Pérez Becerra a Venezuela, y hasta al propio Pérez Becerra, de dejarlo con una “papa caliente” que lo obligó a tomar la decisión de deportar el refugiado político:
"¿Por qué el señor Pérez se montó en un avión allá en Suecia, para salir de Suecia, si él estaba solicitado, como estaba, por Interpol en código rojo? ¿Por qué lo dejaron salir de Suecia? ¿Quién lo invitó a Venezuela? ... Ese señor se bajó de un avión, hizo trasbordo. ¿Por qué no lo detuvieron en Alemania? No tengo la menor duda de que lo sembraron aquí para ponernos a nosotros una papa caliente, así que si yo lo agarro soy malo y si no lo agarro también soy malo. Cumplí mi responsabilidad y lo capturamos y él está allá, que él asuma su responsabilidad. (Pérez Becerra) también debería decir alguien quién lo invitó para acá, quién lo montó en la trampa, porque lo montaron en una trampa al señor, lo montaron para acá y lo estaban cazando, todo el mundo lo sabía, la CIA, la Interpol, hasta lo que comió en el avión sabían. Infiltrados, son movimientos infiltrados hasta la médula".
Chávez miente concientemente. En ningún momento ha estado obligado a entregar a Pérez Becerra al gobierno colombiano. Si consideraba que su estadía en Venezuela traía problemas al Estado venezolano podría haberlo devuelto a Suecia, país donde reside y tiene ciudadanía.
La verdad es que la vergonzante y traidora entrega de Pérez Becerra responde no a la supuesta circular de Interpol sino a un pedido del presidente Juan Santos de Colombia. Eso lo dejó claro el mismo Santos en una declaración al diario El Tiempo de Bogotá: “El sábado llamé al presidente Chávez y le dije que un tipo muy importante para nosotros de las FARC llegaba en un vuelo de Lufthansa esa tarde a Caracas y que si lo podía detener. No titubeó. Lo mandó capturar y nos lo va a entregar.” Chávez nunca ha desmentido esta declaración.
Una política conciente de colaboración con Santos, el imperialismo, la Interpol y la CIA
Esta no es la primera vez que Chávez entrega supuestos guerrilleros al gobierno de Colombia. La política de colaboración con el régimen colombiano y el imperialismo viene desde hace mucho. En los primeros cuatro meses y medio de 2009, Venezuela extraditó a 15 presuntos guerrilleros del ELN. A comienzos de mayo fueron extraditados Carlos Emiro Bustamante Rincón, Diego Armando Pérez Medina, Yaneth Fernández, Benjamín Terán y Gregoria Monterrosa.
Esta colaboración se incrementó después de la elección y posesión de Santos, a partir de mediados del año pasado. En noviembre del 2010, Chávez extraditó a Osvaldo Espinoza, supuesto militante de las FARC-EP, y a Priscilla Ayala y Nelson Navarro, supuestos guerrilleros del ELN. En enero de este año, extraditó a Nilson Terán Ferreira, supuesto cabecilla del ELN. A fines de marzo, deportó a dos supuestos miembros del ELN, Carlos Tirado y Carlos Pérez.
Se trata, por lo tanto, de una política consciente y sistemática. Las razones se encuentran tanto en la situación interna de Venezuela, que vive una crisis económica que debilita el gobierno, como en el plano externo donde las presiones del imperialismo aumentan. La colaboración con el gobierno de Colombia aparece como una solución para Chávez, tanto en el terreno económico (al volver a incrementar el comercio entre los dos países) como en plano externo, al aliviar la presión del imperialismo.
Todo eso, está claro, a costa de entregar militantes de izquierda y luchadores populares, reprimir y criminalizar la protesta social, atacar la autonomía sindical y incrementar las medidas autoritarias del gobierno.
Hay que añadir que el daño político que Chávez hace a los trabajadores y los pueblos latinoamericanos es aún peor porque justifica esa colaboración con la misma ideología del imperialismo, cubriéndole sus espaldas y la hipocresía de su política. Por ejemplo, la nota del gobierno sobre la deportación de Pérez Becerra afirmaba:
“El Gobierno Bolivariano ratifica así su compromiso inquebrantable en la lucha contra el terrorismo, la delincuencia y el crimen organizado, en estricto cumplimiento de los compromisos y de la cooperación internacional, bajo los principios de paz, solidaridad y respeto a los derechos humanos.” El cinismo más descarado es hablar de “paz, solidaridad y respeto a los derechos humanos” cuando se entrega un refugiado político a un gobierno criminal y violador de esos mismos derechos.
La más desvergonzada traición
Desde la LIT nunca pensamos que Chávez fuera un revolucionario ni tampoco “socialista”, y siempre criticamos su gobierno antidemocrático y bonapartista. ¿Entonces por qué decimos que Chávez traiciona? Porque su traición es a las masas que le creyeron todos estos años. Por eso, su crimen político es profundo.
Chávez traiciona a los millones que veían en él un líder y un gobernante que enfrentaba al imperialismo yanqui. Traiciona a las masas colombianas que creían que él se enfrentaría a los gobiernos autoritarios de Uribe y Santos. Traiciona a centenares de miles de honestos activistas de izquierda de todo el mundo que creyeron sinceramente que Chávez, por la vía de un proceso revolucionario, conduciría Venezuela al socialismo. Nos referimos, claro está, a los sinceros activistas de izquierda y no a los burócratas corruptos del PSUV y a las organizaciones estalinistas de Latinoamérica y todo el mundo.
Los hechos lo confirman: el gobierno de Chávez no tiene nada de revolucionario ni socialista
Muchos hablan de un “giro a la derecha” de Chávez. Es cierto que hay un giro político a la derecha. Pero es porque Chávez abandona su discurso de izquierda, no porque el Chávez actual sea, en esencia, distinto a lo que siempre fue.
Su política actual no nos sorprende. Al contrario, confirma lo que siempre hemos dicho: que el de Chávez, lejos de ser un gobierno de los trabajadores, revolucionario y socialista, es un gobierno burgués que tuvo a veces un discurso nacionalista y antiyanqui y tomó, a veces, actitudes progresivas como las nacionalizaciones. Pero siempre sin romper con el sistema capitalista y defendiendo su permanencia. Peor aún, con un sesgo marcadamente autoritario contra los trabajadores y sus organizaciones.
Muchos hablan que Chávez está presionado y habría cedido a “razones de Estado” para permanecer en el poder frente a las presiones del imperialismo y su títere, el régimen colombiano. Puede ser que sea así. Pero, en todo caso, son las “razones de Estado” de un líder burgués que quiere permanecer en el poder en un Estado burgués.
Su objetivo es mantener el capitalismo y sus medidas, por más progresistas que sean en algún momento, tienen siempre como objetivo mantener el capitalismo. En este sentido, Chávez sigue la misma trayectoria de muchos dirigentes burgueses de países explotados que muchas veces radicalizan su discurso antiimperialista, hablan de “revolución” y “socialismo” pero, al final, terminan capitulando al imperialismo. En eso, el camino que ha tomado Chávez en su colaboración con Santos, se parece cada vez más a la trayectoria de Gadafi, que pasó de “revolucionario”, en los años setenta, a fiel amigo de los imperialismos francés, italiano e incluso el yanqui, en el siglo XXI.
¿Puede Chávez rectificar?
Algunos de los que apoyan Chávez admiten que el presidente se equivocó gravemente. Pero opinan que el caso de Pérez Becerra es un “hecho aislado” que no llega a empañar lo que hizo de positivo su gobierno. Por eso, piden que “rectifique” y corrija este error.
Nos hemos extendido largamente en la explicación de la importancia de este episodio, en el marco de una política general consciente hacia el gobierno colombiano y el imperialismo. Pero queremos contestar también este tema de la “rectificación”.
Antes que nada, hay que preguntarse si tal cosa es posible y, en el caso que fuera posible, ¿que debería decir y hacer Chávez?
¿Debería decir, por ejemplo: “Me equivoqué y entregué militantes de izquierda al gobierno de Santos, colaboré con él y con el imperialismo pero me arrepiento, le pido perdón a las masas del mundo y no lo volveré a hacer”? Imaginar que eso sea posible ya sería un delirio. De todos modos está claro que semejante autocrítica en un individuo que hubiera colaborado con los órganos de represión no merecería de nadie la más mínima confianza. Pero, por parte del gobernante de un estado, un cambio real de esta naturaleza es imposible. Bajo determinadas circunstancias extremas un individuo hasta puede cambiar y eventualmente romper con su clase. Los gobiernos, al revés, siempre tienen un carácter de clase y responden a él.
Decisiones como colaborar con los órganos de represión del imperialismo y sus títeres tienen que ver con esas determinaciones de clase. Las violaciones de los más mínimos principios democráticos son una muestra de cuán lejos puede llegar Chávez para mantenerse en el poder y defender el estado burgués. No hay vuelta atrás, no hay rectificación que valga. El mismo Chávez da muestras de ello cuando, lejos de “rectificar”, reafirma sus decisiones y su política traidora de entregador.
La conclusión es clara: la política, la práctica y todo el rumbo actual de Chávez y su gobierno muestran no solo su profundo carácter de clase, sino su tendencia hacia la derecha.
Para que la revolución venezolana avance es preciso construir una alternativa independiente
La grave confusión en que se encuentran miles de activistas de izquierda tiene como origen identificar el proceso revolucionario venezolano con Chávez y su gobierno.
El proceso revolucionario en Venezuela vive y se alimenta del accionar de las masas trabajadoras y populares de este país. Son ellas las que, desde el “Caracazo”, en 1989, vienen protagonizando los momentos más importantes de la historia reciente del país. Fueron ellas las que lucharon y derrotaron a la oligarquía, el imperialismo y la derecha “escuálida” y golpista.
En esa lucha heroica, muchas veces defendieron al mismo Chávez cuando éste se vio amenazado por los sectores más contrarrevolucionarios de la burguesía. Tal fue el caso del fracasado intento de golpe, en 2002; del “lock-out” y la paralización de PDVSA y el referendo convocado por la derecha.
El gobierno Chávez, cada vez más, se coloca contra estas mismas masas con medidas antiobreras, con ataques sistemáticos a la libertad de organización sindical y las libertades democráticas en general. Y, ahora, con su capitulación al gobierno de Colombia y al imperialismo.
Esos miles de activistas de la izquierda latinoamericana que apoyan la lucha de los trabajadores y el pueblo venezolano están ahora frente a una disyuntiva. Defender la revolución venezolana no es lo mismo que defender a Chávez y su burocracia corrupta del PSUV. Hoy día, eso significa, más bien, deslindarse de él, denunciarlo y combatir su gobierno. Solo así la revolución podrá avanzar.
La gran tarea para los honestos militantes de izquierda, en Venezuela y en Latinoamérica, es construir una dirección política y sindical clasista, verdaderamente revolucionaria y socialista. Es decir, independiente de la burguesía, la oligarquía, el imperialismo, pero también del chavismo. Este es el reto. |
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