| La actualidad de la Tercera Internacional |
| Escrito por Alicia Sagra |
| Lunes 14 de Marzo de 2011 02:17 |
Artículo publicado en el nº 20 de la revista de la LIT-CI Marxismo Vivo, el año 2009 con el título A 90 años de su fundación: La actualidad de la Tercera Internacional.
_______________________________________________ El 4 de marzo se cumplieron 90 años de la fundación de la Internacional Comunista, la Tercera Internacional. Ella fue, junto al partido bolchevique, la mayor conquista organizativa del proletariado mundial. Y no se puede explicar su existencia, sin analizar la dialéctica de triunfos y derrotas, ya que fue gestada a partir de la gran traición de la socialdemocracia en 1914 y del mayor de los logros, la revolución rusa de octubre de 1917.
Tuvo vida muy corta. Fue disuelta por Stalin en 1943, pero como organización revolucionaria sólo se manifiesta plenamente hasta 1922.
Nada fue fácil ni simple para esta grandiosa criatura, que muere antes de llegar a la madurez, pero que nos dejó una armazón programática, principista y metodológica que conserva toda su actualidad. Nació en medio de la revolución que recorría Alemania y Europa Central, de jornadas sangrientas como las de enero de 1919 en Alemania, de la metralla de la guerra civil que amenazaba al reciente estado obrero. Y ese nacimiento fue muy discutido. Muchas polémicas se dieron antes y después de su fundación.
La traición de 1914 y las polémicas sobre la nueva Internacional.
La traición de 1914 tuvo un efecto devastador. La Internacional que había educado a millones de obreros en el marxismo, en el internacionalismo proletariado, rompía con toda esa tradición al votar a favor de los créditos de guerra. Con la honrosa excepción de los rusos y serbios, todos los partidos de la Segunda Internacional apoyaron a sus propios imperialismos y enviaron a los obreros europeos a matarse unos a otros. En el Partido alemán, el más fuerte, el mejor formado, el que contara con el aporte de Engels en sus inicios, sólo Karl Liebknecht, votó en contra de los créditos de guerra. El resto, como dijera Rosa Luxemburgo, se transformó en un “cadáver pestilente”.
Pero la masa obrera no es consciente de esta traición y sigue, en los diferentes países, a su vieja dirección. De los dirigentes, sólo una minoría heterogénea, se manifiesta en contra de la política asumida. Por un lado, el sector mayoritario consideraba que no se podía abandonar la “vieja casa”, que había que esperar y recuperarla cuando cambiara la situación. Muchos, sobre todo en los partidos más grandes, tenían miedo de quedar aislados si rompían con la II Internacional.
Por otro lado estaban los claramente revolucionarios, entre los que se destacan en Rusia, Lenin, Trotsky; en Alemania Rosa Luxemburgo, Karl Liebknecht; en Rumania, Kristian Rakovsky, en Gran Bretaña el escocés John Maclean, verdadero héroe popular, llamado el Liebknecht de Escocia.
Trotsky hace una muy buena pintura de la disposición de este sector:
“Si la guerra escapa al control de la Segunda Internacional, sus consecuencias inmediatas se saldrán del control de la burguesía del mundo entero. Nosotros los revolucionarios socialistas, no quisimos la guerra. Pero no le tememos. No nos hemos entregado a la desesperación por el hecho de que la guerra rompió la Internacional. La historia ya se ha encargado de ello. La época revolucionaria creará nuevas formas de organización surgidas de los recursos inagotables del socialismo proletario, nuevas formas que estarán a la altura de la grandeza de las nuevas tareas. Nos dedicaremos a este trabajo de inmediato, entre el rugir de las ametralladoras, el derrumbe de las catedrales, y el patriótico aullido de los chacales capitalistas”.1
Todos ellos estaban absolutamente convencidos de la bancarrota de la Segunda Internacional y de la necesidad de reemplazarla por otra que cumpliese con la tarea de dirigir la revolución mundial. Pero a partir de ahí aparecían las diferencias.
Lenin, el 1º de noviembre de 1914 escribe: “La Segunda Internacional está muerta, vencida por el oportunismo. Abajo el oportunismo y viva la Tercera Internacional, desembarazada de los renegados y del oportunismo”.2
Pero es conciente de las dificultades. En Socialismo y Guerra, explica que, para construir una Internacional es necesario que haya partidos que quieran hacerlo. Si la situación avanza en ese sentido, los bolcheviques tomarán su lugar en esa tarea. Si la maduración es más lenta, continuarán en la vieja Internacional, hasta que en diversos países se creen las bases para una nueva organización obrera internacional marxista revolucionaria. Es en el recién formado grupo Espartaco, en quien centralmente piensa.
Rosa Luxemburgo, principal dirigente de ese grupo, tiene grandes diferencias con Lenin. Para ella lo central no pasa por pensar en nuevos programas, ni en una nueva Internacional construida por “docenas de personas”, sino por “acciones de millones de hombres”. Nada de “derrotismo revolucionario como propone Lenin”, sino lucha contra la guerra. Ahí se desarrollará, en la acción, la “voluntad consciente de las masas”3.
Trotsky, se acerca cada vez más a Lenin, pero éste le reprocha su lentitud en romper con los pacifistas y su negativa a incorporar el derrotismo revolucionario. Algo parecido pasa con Rakosvsky.
La Conferencia de Zimmerwald A iniciativa de los socialistas italianos, en septiembre de 1915 se realizó, en Zimmerwald (Suiza), una Conferencia Internacional a la que fueron invitadas “todas las organizaciones que permanecieron fieles a la lucha de clases y a la solidaridad internacional”. Participaron delegados de 19 países4, que se dividieron en tres alas, la mayoría pacifista encabezada por Martof5, se definía contra la guerra pero se oponía a salir de la Segunda, el ala izquierda encabezada por Lenin (8 delegados) y un centro donde estaban Trotsky y Rakovsky.
Trotsky describe así la reunión:
“Nos acomodamos como pudimos en cuatro coches y tomamos el camino de la sierra. La gente se quedaba mirando, con gesto de curiosidad, esa extraña caravana. A nosotros no dejaba de hacernos tampoco gracia que, a cincuenta años de haberse fundado la Primera Internacional, todos los internacionalistas del mundo pudieran caber en cuatro coches. Pero en aquella broma no había el menor escepticismo. El hilo histórico se rompe con harta frecuencia. Cuando ocurre tal cosa, no hay sino que anudarlo de nuevo. Esto precisamente era lo que íbamos a hacer en Zimmerwald.”
“(…)Costó gran esfuerzo hacer que se aviniesen a un manifiesto colectivo, esbozado por mí, el ala revolucionaria representada por Lenin y el ala pacifista (...) El manifiesto (que se aprobó) no decía, ni mucho menos, todo lo que había que decir; pero era, a pesar de todo, un gran paso de avance. Lenin se mantenía en la extrema izquierda. Frente a una serie de puntos estaba solo. Yo no me contaba formalmente entre la izquierda, aunque estaba identificado con ella en lo fundamental. Lenin templó en Zimmerwald el acero para las empresas internacionalistas que había que acometer y puede decirse que en aquel pueblito de la montaña suiza, fue donde se puso la primera piedra para la internacional revolucionaria.”
La conferencia de Zimmerwald imprimió gran impulso al movimiento antiguerra en los diversos países. En Alemania, contribuyó a intensificar la acción de los espartaquistas.
En Francia, se creó el “Comité para el fomento de las relaciones internacionales”. (…) Martof, que durante la primera época había colaborado calurosamente en el Nasche Slovo6, se separó de él en vista del giro que tomaba. Las diferencias de opinión, puramente accidentales, que me habían separado de Lenin en Zimmerwald, se borraron en el transcurso de los meses siguientes”.7
La revolución rusa y la batalla por la Internacional
A partir de 1915 se comienzan a dar algunas movilizaciones contra la guerra, en Escocia, en Berlín, en Rumania. Con ese marco, avanza el trabajo por la nueva Internacional. Trotsky, Rakovsky y los bolcheviques, aprovechan los avatares del exilio para establecer relaciones en Francia, Suecia, EE.UU y Suiza.
Pero el cambio cualitativo se produce con el estallido de la revolución rusa y la toma del poder por la clase obrera rusa, dirigida por los bolcheviques, en octubre de 1917.
Los bolcheviques, que al inicio de la guerra habían aparecido como figuras aisladas, perseguidas, desamparadas, tres años después habían sabido llevar la revolución espontánea de febrero hacia la destrucción del estado capitalista y la instauración del poder de los soviets. Sus consignas de paz, pan y tierra se esparcían entre los trabajadores y los campesinos pobres del mundo. Lenin y Trotsky habían mostrado que se podía. Como dijo Rosa Luxemburgo desde la cárcel, “ellos osaron”.
Se había dado un gran paso, pero la Internacional aún no existía y ahora era más necesaria que nunca. El partido ruso tenía que enfrentar grandes desafíos. La firma de la paz con Alemania, imprescindible para salvar al estado obrero, pero que les creo grandes dificultades externas e internas. Tenían que poner en marcha la economía del país, con un movimiento obrero poco preparado y una tecnología atrasada. Y, en 1918, tuvieron que enfrentar la guerra civil declarada por los rusos blancos con el apoyo de los ejércitos de Inglaterra, Francia, EE.UU, Japón…
La creación de la Tercera era cuestión de vida o muerte. Pero Lenin sabía, que la Internacional no podía ser fundada sólo por los rusos. Concientes de eso, los bolcheviques, acostumbrados por los años de clandestinidad y exilio a aprovechar al máximo la mínima oportunidad, se lanzaron a desarrollar el trabajo Internacional. Enviaron dirigentes a Occidente para buscar apoyo a la revolución. Enviaron como diplomáticos, a los pocos países que los reconocieron, a organizadores y agitadores políticos para trabajar sobre la clase obrera y las organizaciones socialistas. Y tuvieron la brillante política de trabajar sobre los prisioneros de guerra del ejército zarista. De este último trabajo, dirigido por Karl Radek, revolucionario polaco que años atrás se había hecho bolchevique, surgen los grupos comunistas húngaro, yugoslavo, checoslovaco, búlgaro. Inicialmente pasaban a integrar las secciones extrajeras del partido bolchevique, para después ser enviados a sus países a participar de los procesos revolucionarios que se venían desarrollando en toda Europa.
La revolución alemana y la fundación del partido alemán
En noviembre de 1918, por fin estalla la revolución alemana. En diciembre del mismo año el grupo Espartaco de Rosa Luxemburgo se fusiona con IKD (Comunistas Internacionalistas de Alemania) para dar origen al Partido Comunista Alemán. A pesar de que Rosa seguía opinando que aún no había llegado el momento de fundar la Internacional, la creación del partido alemán hace decir a Lenin: “Cuando la Liga Espartaco se pasó a llamar Partido Comunista Alemán, la fundación de la III Internacional, de la Internacional Comunista, verdaderamente comunista, verdaderamente internacional, se volvió un hecho. Formalmente, tal fundación, aún no fue consagrada, pero la III Internacional existe en la realidad, desde ese momento.”8
Cuando Lenin escribió esto, no sabía de los últimos acontecimientos de la revolución alemana, de la gran sublevación del 5 de enero que culminó con el apresamiento y el asesinato de los dos grandes dirigentes de ese nuevo partido, Rosa Luxemburgo, la principal teórica y orientadora política y Karl Liebknecht, el gran tribuno socialista. En marzo del mismo año, fue asesinado en la cárcel, el principal organizador del partido, Leo Jogiches.
El 24 de enero de 1919, el Pravda, publica la noticia del asesinato de los dirigentes alemanes y la convocatoria a la Conferencia Socialista Internacional. Esta convocatoria, redactada por Trotsky es firmada por : Lenin y Trotsky por el partido ruso y por los burós extranjeros (que estaban en Rusia) de los partidos comunistas polaco, húngaro, austríaco, letón; el partido alemán y los comités centrales, de los partidos comunistas finlandés, de la Federación Socialista Balcánica y del Partido Socialista Obrero Norteamericano.9
La fundación de la III Internacional
El 2 de marzo, Lenin abrió el Congreso diciendo: “Por mandato del Comité Central del Partido Comunista ruso, declaro abierto el primer congreso de la Internacional. Antes que nada, les pido que nos levantemos para honrar la memoria de los mejores representantes de la Tercera Internacional: Karl Liebknecht y Rosa Luxemburgo”
En el congreso que va del 2 al 6 de marzo, se dan informes de la revolución alemana y de los sangrientos días de enero, de la situación del estado obrero ruso, se vota la propuesta de resolución de Lenin sobre la democracia burguesa y la dictadura del proletariado, pero la discusión central fue sobre la Internacional. ¿Se la debía fundar o no? El delegado alemán se mantenía firme defendiendo la posición de Rosa Luxemburgo: aún no llegó la hora, somos muy débiles, el único partido fuerte es el ruso. No tenía poco peso la opinión póstuma de la gran revolucionaria. Pero Zinoviev responde diciendo: “No queremos trabajar ahora con el sentimiento de que somos muy débiles, al contrario, debemos ser invadidos por el sentimiento de nuestra fuerza, de la convicción de que el futuro pertenece a la III Internacional…Después de una reflexión madura, nuestro partido propone construir inmediatamente la III Internacional. El mundo entero verá así que estamos armados organizativa e intelectualmente”10
El 4 de marzo, se realiza la votación, el delegado alemán se abstiene, todos los otros votan a favor. Así nace la III Internacional.
Esta fundación se dio en momentos muy difíciles y ese primer congreso no tuvo gran representatividad. Muchos de los delegados no consiguieron llegar, otros llegaron muy atrasados. Algunos sólo representaban a grupos que se habían formado en Rusia y que eran parte de las secciones extranjeras del partido ruso. Los partidos comunistas que tenían una existencia propia eran: el alemán, el polaco, austríaco y el húngaro. La diferencia entre estos partidos, recién fundados y el ruso, que en esos momentos tenía 500 mil militantes, era inmensa.
Todo esto está en la base de la polémica sobre si fue correcto, o no, haber fundado la Internacional en ese momento. La vida confirmó lo acertado de esa difícil decisión. Días después, el 21 de marzo, a partir de una fusión entre el Partido Comunista y la izquierda del partido socialista, se tomó el poder en Hungría y se instauró un gobierno soviético, confirmando la visión de Lenin sobre la profundidad de la crisis mundial de dominación burguesa. Esa realidad se reflejó en el rápido avance de la nueva Internacional. En el año que siguió al primer congreso, adhirieron el Partido Socialista Italiano, el Partido Obrero Noruego, el Partido Socialista de Izquierda Húngaro.
La batalla contra el oportunismo y el sectarismo en los congresos de la Internacional
En cuatro años (1919-1922) se realizaron cuatro congresos. El segundo se da en medio de un gran crecimiento y también de nuevos problemas. Partidos de todo el mundo rompen con la Segunda y adhieren a la Tercera, pero muchos de ellos traen a dirigentes que no han roto verdaderamente con el reformismo. Rakosi los explica así:
“Dirigentes que estaban consagrados en cuerpo y alma a la Segunda Internacional querían entrar a la Internacional Comunista para no perder su influencia sobre las masas. La Internacional Comunista no era aún una organización fuerte y experimentada y la entrada de esos elementos oportunistas significaba el peligro de traer al seno de la Internacional Comunista el espíritu de la Segunda Internacional. La Internacional Comunista estaba integrada por partidos en vías de formación y era una necesidad imperiosa descartar tales elementos. Esto es lo que explica las 21 condiciones de admisión’, aprobadas por el Segundo Congreso.”11
El centro de esas 21 condiciones estaba en la lucha contra el reformismo. Los reformistas debían ser descartados de todos los puestos importantes. Debía realizarse una lucha enérgica contra los reformistas y centristas. Los partidos tenían que aprobar esas 21 condiciones para poder permanecer en la Internacional.
Al mes de finalizado el congreso, el partido socialdemócrata checoslovaco se dividía: una mayoría aplastante adoptó las 21 condiciones y poco después se constituían en partido comunista. En octubre, la mayoría del partido socialdemócrata independiente de Alemania se pronuncia por la adhesión a la Internacional Comunista y se fusiona con el PCA, dando origen a un gran partido, el Partido Comunista Unificado Alemán. En diciembre la gran mayoría del partido socialista francés adhiere a la Internacional Comunista. En enero de 1921, se divide el partido socialista italiano que pertenecía a la III Internacional, la mayoría rehúsa las 21 condiciones.
El tercer y el cuarto congreso (1921-1922) deben enfrentar una realidad diferente. La burguesía había conseguido desviar los procesos revolucionarios de posguerra y pasaba a la ofensiva. Los partidos de la Tercera habían avanzado, pero aún no eran la principal dirección del movimiento de masas. Había que buscar una política para defenderse del ataque burgués y para disputarle las masas a las direcciones traidoras. Así surge la táctica del Frente Único Obrero, a partir del balance de un grave error ultraizquierdista del partido alemán que lo llevó a perder 200 mil miembros, 2/3 de sus militantes.
En estos congresos la batalla fue contra el sectarismo de muchos dirigentes y partidos que se negaban a tener una táctica para las direcciones burocráticas.
La degeneración y la necesidad de mantener la continuidad programática y organizativa
El Cuarto Congreso vota una gran tarea, la elaboración del programa, que no se concreta. A partir 1923, ya sin la conducción de Lenin, la Tercera comienza acompañar el proceso de degeneración burocrática del estado soviético y del partido bolchevique. Esto se traduce en políticas totalmente equivocadas, que la batalla de Trotsky y la Oposición no consiguen corregir y que llevan a derrotas de grandes procesos revolucionario: la revolución alemana de 1923 y la china de 1927. Este proceso culmina, en 1933, con el apoyo de la Internacional a la política del Partido Comunista alemán. Esa política había llevado a que el movimiento obrero alemán tuviera, frente al nazismo, la peor de las derrotas, la que se obtiene sin luchar.
Tal como dice Trotsky, la Tercera había muerto como Internacional revolucionaria. Había llegado el momento de abandonar la batalla que, durante 10 años, se dio por su regeneración y pasar a construir una nueva Internacional. En agosto de 1933, Trotsky escribió. “Los cuatro primeros congresos de la Internacional Comunista nos legaron una herencia programática invalorable: el carácter de la era moderna como época del imperialismo es decir de decadencia del capitalismo; el reformismo moderno y los métodos de lucha contra el mismo, la relación entre la democracia y la dictadura proletaria, el papel del partido en la revolución proletaria; la relación entre el proletariado y la pequeña burguesía, especialmente el campesinado (cuestión agraria); el problema de las nacionalidades y la lucha de los pueblos coloniales por la liberación; el trabajo en los sindicatos; la política del frente único; la relación con el parlamentarismo. Los cuatro primeros congresos sometieron todas estas cuestiones a un análisis principista que todavía no ha sido superado. Una de las tareas primarias, más urgentes, de las organizaciones que levantan la bandera de la regeneración del movimiento revolucionario consiste en separar las decisiones de los cuatro primeros congresos, ponerlas en orden y dedicarles una discusión seria a la luz de las tareas futuras del proletariado”12.
A partir de ese estudio y a la luz de las tareas futuras surge el Programa de Transición, que sistematiza las resoluciones de los Cuatro Primeros Congresos e incorpora la nueva gran tarea de ese momento, la revolución política contra la burocracia soviética. Surge también la Cuarta Internacional, como continuidad programática y metodológica de la Internacional Comunista dirigida por Lenin.
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1La guerra y la Internacional, León Trotsky
2 Reseña de Rakosi, Los Cuatro Primeros Congresos de la Internacional Comunista, Ediciones Pluma
3 Citado por Pierre Broué, en Revolución en Alemania
4 No está claro el número de delegados. En algunos textos se habla de 44, en otros de 36 y en otros de 38.
5 Dirigente ruso, menchevique
6 Periódico del grupo de Trotsky
7 Mi Vida, León Trotsky
8 Carta a los trabajadores de Europa y América
9 De la Reseña realizada por Mathios Rakosi, publicada en Los Cuatro Primeros Congresos de la Internacional Comunista, ediciones Pluma
10 Publicado por Pierre Broué, en la Historia de la Internacional Comunista
11 Los Cuatro Primeros Congresos de la Internacional Comunista, Ediciones Pluma
12 León Trotsky, Escritos 1933-34, Editorial Pluma _______________________________________ Alicia Sagra es miembro de la dirección nacional del Frente Operario Socialista (FOS), de Argentina |
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Artículo publicado en el nº 20 de la revista de la LIT-CI Marxismo Vivo, el año 2009 con el título 















