| La guerra comercial es una nueva expresión de la crisis económica internacional |
| Escrito por Alejandro Iturbe |
| Miércoles 15 de Diciembre de 2010 20:36 |
Ante el fracaso de la última reunión del G-20 para evitar una “guerra comercial” o “guerra de divisas” entre las principales potencias imperialistas, en la que también estará involucrada China, los analistas comenzaron a definir la actual crisis económica internacional como una “crisis mutante”.
Si bien se trata más de una frase de efecto periodístico que de una definición profunda, este concepto es relativamente cierto: desde su inicio, en agosto de 2007, la crisis ha ido “mutando” su forma de manifestarse, sea por su propia evolución como por las acciones de los gobiernos para enfrentarla y las consecuencias de estas acciones.
La primera fase de la crisis
La primera manifestación visible de la crisis fue el estallido de la gran burbuja especulativa basada en el mercado inmobiliario de EE.UU. y otros países imperialistas. Un año después, la caída del Lehman Brothers mostró la fragilidad del sistema bancario-financiero internacional, que estuvo al borde de la bancarrota global.
En ese momento, la crisis se expresó con mucha fuerza en el conjunto de la economía y hubo dos trimestres (el último de 2008 y el primero de 2009) con las peores caídas en décadas del PIB de todos los países imperialistas (un acumulado de más del 112%), equivalentes al primer impacto de la crisis de 1929. La caída en la producción fue aún mayor y osciló, según los países, entre el 15 y el 20%.
La segunda fase
Allí comenzaron a actuar los megapaquetes de ayuda de los gobiernos imperialistas, y otros como Brasil, China y Rusia, a los bancos y mercados financieros, por un total de 24 billones de dólares (¡un 40% del PIB anual mundial). Así evitó la quiebra del sistema financiero mundial y también se cortó la dinámica de “plano inclinado” en que la crisis arrastraba al conjunto de la economía.
Se abrió entonces un período de frágil recuperación cuyo pico se dio en el primer trimestre de 2009, especialmente en EEUU, China, Alemania y Japón. Lo definimos como de “frágil recuperación” porque se basó precisamente en estos paquetes y no en una aumento sostenido de la inversión burguesa.
La tercera fase
A finales de 2009, comienza lo que hemos denominado una tercera fase da la crisis que se manifestó a través de dos procesos. Por un lado, estalló la crisis fiscal (de ingresos y pagos del estado) de varios países europeos y de la eurozona, como Grecia e Irlanda, ante la imposibilidad de pagar sus deudas. Hubo también una crisis del euro en su conjunto y su propia subsistencia como “moneda europea” quedó comprometida.
En ese momento, la crisis adquirió una clara dimensión política con la resistencia a los planes de ajuste de sus gobiernos por parte de los trabajadores y jóvenes de Grecia, Francia, España, Reino Unido, Italia y Portugal. La definición de un aspecto central de la dinámica de la crisis económica pasó a jugarse en el terreno de la luchas de clases.
Por otro lado, la frágil recuperación en EEUU mostró sus dificultades de sostenerse, y comenzó a transformarse, según palabras del economista Nouriel Roubini, en un “crecimiento anémico”, incapaz siquiera de evitar el crecimiento del desempleo en el país.
Se inicia la guerra comercial
Fue precisamente, la insatisfacción con la situación, especialmente el aumento de la desocupación que ya se acerca al 10%, la que provocó la derrota de Obama en las elecciones legislativas de “medio término”, en las que su gobierno perdió la mayoría parlamentaria.
Debilitado, y obligado a cogobernar con un parlamento opositor, a partir del año próximo, el gobierno de Obama, apeló a la Federal Reserve, la Fed (banco central de EEUU) para aplicar una política de emitir 600.000 millones de dólares, en los próximos 8 meses, para comprar bonos del Tesoro de su propio país, en un intento de salir del atolladero.
Al lanzar una nueva catarata de dólares al mercado internacional, esta medida tiene el efecto de devaluar la cotización internacional del dólar frente a las otras monedas. Señalemos que bastó el anuncio de la medida para que el dólar se devaluara un 10% en los mercados internacionales, y su cotización seguirá cayendo a medida que la Fed vaya emitiendo esos dólares.
Profundo impacto mundial
Cuando un país devalúa su moneda, este tiene un efecto inmediato sobre su comercio internacional. Por un lado, “rebaja” sus costos internos y abarata el precio de sus productos exportables; por el otro, encarece el precio nacional de los productos importados. En otras palabras, tiende a aumentar sus exportaciones y a disminuir sus importaciones. Por eso, al explicar la medida, Obama declaró que su objetivo es “duplicar las exportaciones en los próximos años”.
Tratándose de EE.UU., la principal economía del planeta, un cambio en la dinámica de su comercio exterior tendrá un impacto muy profundo en toda la economía internacional. En los últimos 20 años, EE.UU. se transformó en el principal importador del mundo, especialmente de productos industriales de consumo. Por ejemplo, en 2008, importó por un valor total de más de 2 billones de dólares (una cifra mayor al PIB de Brasil y Argentina juntos) y acumuló un déficit de su balanza comercial (saldo negativo entre exportaciones e importaciones) de más de 600.000 millones de dólares. Otras grandes economías del mundo, como Alemania, Japón, China e India, dependen directamente de esas importaciones.
En otras palabras, al buscar aumentar sus exportaciones y disminuir sus importaciones el imperialismo estadounidense ha lanzado una ofensiva para resolver su crisis a costa de los otros imperialismos (como los europeos y Japón), los países semicoloniales y también sus propios trabajadores.
Ataques a la clase trabajadora estadounidense
La “ofensiva comercial” que ha lanzado Obama viene acompañada por la continuación de fuertes ataques a la clase obrera estadounidense y su nivel de vida, para mejorar la competitividad estadounidense.
Este ataque viene, en realidad, por lo menos desde la década del 80, con el gobierno de Reagan, pero con la crisis ha dado un salto. Se expresa en una desocupación del 10%, en la reducción de planteles de las empresas y en la caída de salarios y beneficios. Muchas empresas, como la GM, han exigido a sus trabajadores que acepten una reducción salarial a la mitad. Todo ello se ha manifestado en un aumento de la pobreza que afecta al 14% de los habitantes de EEUU, cifras inéditas desde hace décadas. Al mismo tiempo, la devaluación el dólar puede también generar un proceso inflacionario interno que deteriorará aún más ese nivel de vida.
También se aumenta la política ya en curso de recortes presupuestarios a los servicios como la salud y la educación públicas, y se deterioran otros como el patrullaje, la cantidad de bomberos y hasta la recolección de residuos. Según una información reciente, la reducción presupuestaria sugerida por la comisión bipartidaria formada por Obama es tan grande que podría conducir a “una explosión social parecida a las que se vieron recientemente en París y Londres” (Clarín, 11/11/2010)
Mayor fragilidad del sistema monetario mundial
La política monetaria implementada por Obama agrega aún más fragilidad al actual sistema monetario mundial, de monedas de cotización “flotante”. Veamos algunos elementos históricos para entenderlo.
Una vez decidido el curso de la Segunda Guerra Mundial, en 1943, EEUU aprovechó la hegemonía económico-político-militar lograda para imponer, en una reunión celebrada en Bretton Woods, la propuesta del economista británico John Maynard Keynes de crear una “autoridad” (el Fondo Monetario Internacional) y un sistema monetario mundial, basado en una determinada paridad de conversión entre el oro y el dólar, que pasó a ser la “moneda patrón” del sistema, respaldado por el oro almacenado por la Fed en Fort Knox.
EE.UU. no sólo poseía la “moneda mundial” sino que era el dueño de la “máquina de imprimir dólares”. Como no se había establecido ningún mecanismo de auditoría para verificar si la cantidad de dólares circulantes en el mundo coincidía con el oro almacenado en Knox, su gobierno y su burguesía disponían de capital a su antojo por el simple mecanismo de imprimir billetes.
Esta “sobreimpresión” de dólares fue una de las razones que llevó a la caída del sistema monetario de Bretton Woods, por decisión del gobierno de Richard Nixon, en 1971. Éste definió unilateralmente que el dólar ya no sería convertible en otro. Es decir, los poseedores de dólares en el mundo no podían reclamarle a EE.UU. que respaldara con oro esos billetes.
Si bien luego de la ruptura de los acuerdos de Bretton Woods, el dólar siguió siendo, de hecho, la moneda patrón del mercado mundial, ahora lo hacía sin el “orden monetario formal” ni la supuesta seguridad que garantizaban estos acuerdos.
Una de las consecuencias de esta ruptura fue que el sistema monetario internacional se volvió mucho más inestable, sujeto a las fluctuaciones permanentes de las cotizaciones de las monedas, especialmente del dólar y de las monedas “duras” de los países imperialistas y también quedó mucho más expuesto a las intervenciones especulativas en el mercado de monedas.
Es en este marco que Obama inicia la “guerra de divisas” que agrega mayor fragilidad a un sistema ya frágil porque se dará en medio de una crisis económica internacional y, además, afecta y perjudica a las otras monedas de peso en el mundo como el euro, el yen o el yuan.
La imposibilidad de otro Bretton Woods
Frente a la perspectiva de guerra cambiaria y sus graves consecuencias varios sectores burgueses han comenzado a hablar de la necesidad de un “nuevo Bretton Woods”. En un artículo publicado por el Financial Times, Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, propuso crear un nuevo sistema monetario mundial basado en una canasta de monedas (el dólar, el euro, el yen, la libra y el yuan chino) que tome como referencia el patrón oro para las paridades entre esas monedas.
Sin embargo, esta propuesta, aparentemente “racional” frente a la actual “anarquía” monetaria internacional, es hoy absolutamente inaplicable. El acuerdo de Bretton Woods sólo fue posible porque fue impulsado por la burguesía imperialista estadounidense, que aprovechó su incontestable hegemonía en el mundo para poner ese sistema al servicio de sus intereses.
Hoy esa misma burguesía está en contra de reconstruir un acuerdo de ese tipo porque así puede aprovechar las brechas de un sistema monetario más “libre”. Y sin su acuerdo e impulso, otro Bretton Woods es imposible. Y ningún país o grupo de países está en condiciones de desplazar al dólar como moneda patrón. En última instancia, es una expresión de que, en el marco de una decadencia general del sistema capitalista imperialista, la hegemonía estadounidense sigue vigente.
Incluso resulta extremadamente difícil crear “monedas regionales”, como lo muestra la crisis del euro o la imposibilidad de China de llevar adelante su bravuconada de crear una “moneda asiática”.
Las dificultades de la UE
La “guerra comercial” encuentra mal parada a las burguesías imperialistas europeas, especialmente las de los países integrantes de la “eurozona”. Estas burguesías ya tenían graves problemas: un crecimiento económico más anémico que el de EE.UU.; la imposibilidad de tener una política monetaria flexible por la contradicción de usar una moneda común (el euro) sin unificación de los países; una crisis fiscal en varios países y la necesidad de efectuar durísimos ataques a los trabajadores para salir de esa crisis fiscal, con una fuerte respuesta de parte de estos. Una situación que, de conjunto, pone en riesgo la propia existencia del euro, un mecanismo de “defensa de espacios” frente al imperialismo estadounidense, resultado de una construcción de más de 50 años.
La anterior devaluación del euro frente al dólar, abría una posibilidad de exportar más y comenzar a salir del pantano. Fue el caso de Alemania, la economía más fuerte del continente: a inicios de este año, tuvo una mejora en sus exportaciones industriales, especialmente a EE.UU., que permitió un cierto crecimiento de la economía del país.
Ahora, con la devaluación del dólar y el aumento de la cotización del euro, esa puerta comenzó a cerrarse y sus consecuencias ya se sienten: en setiembre pasado, la producción industrial alemana cayó 0,8%.
La devaluación del dólar significa también que las burguesías europeas deberán redoblar sus ataques contra sus trabajadores, por la necesidad mucho mayor de rebajar los salarios y endurecer aún más las condiciones laborales para reducir costos y mantener la “competitividad” internacional frente a EE.UU.
Pero estos ataques se darán en un momento en que los trabajadores europeos ya están luchando, en varios países, contra los planes de ajuste de sus gobiernos y abre la posibilidad de que esa lucha se incremente aún más.
Las medidas de la Fed también afectarán a Japón, cuya economía, luego de años de estancamiento y caída tuvo una débil recuperación a finales del 2009 e inicios del 2010, basada en las exportaciones a EE.UU. Cabe señalar que el gobierno japonés fue el primero, antes del propio EE.UU., en lanzar medidas proteccionistas, a través de la devaluación del yen.
La presión sobre China
Un aspecto importante de la política de EE.UU. es la presión hacia China para que rompa el sistema de paridad fija entre el dólar y el yuan, férreamente controlada por el gobierno chino, y pase a un sistema de cotización flotante del yuan, sujeto a los vaivenes del mercado. Señalemos que el principal comprador de los productos industriales chinos es EE.UU. (un 30% de sus exportaciones).
Actualmente, el sistema es de “paridad fija”: si el dólar se devalúa, el gobierno chino devalúa el yuan en la misma proporción por lo que el efecto monetario en el comercio entre ambos países es nulo. Por el contrario, si el yuan pasase a tener una cotización libre, la gran acumulación de divisas internacionales que realiza China, por el saldo favorable de su balanza comercial, llevaría a una suba del precio del yuan frente al dólar.
Esto encarecería el precio internacional de sus productos industriales, algo que, además, se sumaría al alza de costos internos como resultado de los aumentos salariales que, con sus huelgas, están consiguiendo los trabajadores de importantes fábricas en el país. De conjunto, el proceso perjudicaría sus exportaciones que ya vienen sufriendo una dinámica negativa como efecto la crisis económica internacional. Digamos que actualmente, la mayoría de las ramas centrales de la economía china están con capacidad ociosa, es decir, en una situación de superproducción. Por eso, hasta ahora, el gobierno chino se niega a quebrar la paridad cambiaria fija.
Entrar al mercado financiero chino
Algunos analistas económicos internacionales han señalado, a pesar de todo el peso que tendrá una “guerra comercial”, que el verdadero objetivo de Obama al presionar la devaluación de yuan es lograr la apertura y el libre acceso al mercado financiero chino.
Se trata de un mercado financiero muy importante, hasta ahora férreamente controlado por el gobierno chino, a través de varios bancos estatales que, anualmente, se ve aumentado por los grandes saldos que obtiene el país en el comercio internacional.
Este análisis sería coherente con el actual carácter del sistema capitalista imperialista mundial y de la burguesía imperialista, cada vez más volcado al sector financiero y a la especulación. Ingresar al mercado financiero chino, del que hasta ahora está fuera, por lo menos directamente, le permitiría a la burguesía imperialista estadounidense acceder a un rico “banquete” de capitales que refuercen su propio circuito.
Hasta ahora el gobierno chino viene resistiendo estas presiones, aprovechando las importantes reservas de divisas internacionales que ha acumulado en estos años y que le han permitido mantener un crecimiento de su economía gracias a los paquetes gubernamentales y al crédito estatal.
Sin embargo, es casi imposible que esta se mantenga ad infinitum. Dos factores le juegan en contra. Por un lado, la crisis económica internacional ya ha disminuido sus exportaciones y la propia política monetaria del gobierno de Obama puede acentuar esta tendencia, de modo que sus reservas tenderán a disminuir. Por otro lado, la propia dinámica interna del mercado financiero chino, con numerosas “burbujas especulativas” pasibles de estallar y un nivel cada vez más alto de impagos y morosidad.
En otras palabras, lo más probable es que, tarde o temprano, el gobierno chino termine cediendo a las presiones del imperialismo y sólo se trate, en realidad, de discutir los tiempos y ritmos de ese cambio.
Posibles perspectivas
A través de sus diferentes manifestaciones, la crisis económica internacional abierta en 2007 continúa. Sin resolver, o resolviendo muy parcialmente, los problemas de las fases anteriores, cada fase agrega nuevos problemas para el sistema capitalista imperialista. |
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Ante el fracaso de la última reunión del G-20 para evitar una “guerra comercial” o “guerra de divisas” entre las principales potencias imperialistas, en la que también estará involucrada China, los analistas comenzaron a definir la actual crisis económica internacional como una “crisis mutante”.















