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El fenómeno Tea Party
Escrito por Antonio Encinas   
Miércoles 24 de Noviembre de 2010 21:04
En las elecciones de medio tiempo del 2 de noviembre, los republicanos arrebataron a los demócratas el control de la Cámara de Representantes, les faltó poco para ganar también el control del Senado, y ganaron 30 de 50 gobernaciones. 

Dura derrota de Obama y los demócratas, triunfo republicano, pero el show, señores, fue del Tea Party, la nueva y más dinámica facción de la derecha norteamericana y la más fortalecida con estos resultados. ¿Se derechiza EEUU? ¿Habrá en lo inmediato un cambio de rumbo en la política económica de la primera potencia capitalista? Son preguntas que tienen que ver con el significado de las recientes elecciones.

Formado hace poco más de un año en el fragor de la oposición al plan de estímulo del gobierno Obama, el Tea Party surgió con un discurso que despotricaba de todo lo vinculado con Washington, tanto del gobierno Obama como de las componendas parlamentarias que dieron luz verde a los estímulos fiscales a la economía, lo que involucra también a los republicanos "tibios". Tiene a la ex candidata Sarah Palin como principal animadora, y como principal bandera programática la lucha contra el astronómico déficit fiscal, astutamente asociada a la reivindicación de un recorte tributario especialmente dirigido a las empresas (su propio nombre alude al histórico Boston Tea Party de 1773, la rebelión de los colonos contra la metrópoli británica y sus sangrantes impuestos).

Pero esto es casi lo único que tienen en común, pues el movimiento es muy diverso y por veces contrapuesto entre sí en temas sensibles como la presencia o tamaño del Estado, el papel del Ejército, la homosexualidad, el racismo y la inmigración. Sarah Palin abogaba por el retorno del viejo “reaganismo”; Tom Tancredo, conocido anti inmigracionista, aseguraba que Obama llegó al poder porque "en este país no se necesita examen cívico y de alfabetismo para votar" (nostalgia por la época de la segregación cuando se dejaba afuera a los votantes negros). Christine O'Donnell, candidata por Delaware, aseguraba que “los gays crearon el sida”; Sharron Angle, de Nevada, consideraba que el embarazo de las víctimas de violación debe ser tomado como “un deseo divino”. Joe Miller, de Alaska, quiere "un Muro de Berlín para los inmigrantes”. Marco Rubio, hijo de cubanos, flamante senador y posible integrante de la plancha republicana de 2012, sostenía que el gobierno quebrará a EEUU "y debilitará nuestra defensa nacional”, pidiendo que hay que armarse más; mientras que Rand Paul, otra figura del movimiento, pedía exactamente lo contrario.

¿Derechización?

Decir que el Tea Party ganó las elecciones por su programa, entonces, no sería exacto (aunque es importante definir qué tan hondo han calado las ideas reaccionarias en ese país). Es más, el tema del déficit, su caballito de batalla, no ha sido la principal preocupación de los electores norteamericanos. Así lo revela una encuesta de CBS News realizada la semana siguiente a las elecciones (CBS News Poll, Looking Ahead to the 112th Congress, November 7-10, 2010), donde a la pregunta de cuáles son los temas en que debe centrarse el nuevo Congreso, un 56% respondió la economía y los puestos de trabajo, y un 14% el cuidado de la salud; sólo un 4% respondió que el nuevo Congreso debe centrarse en el déficit presupuestal, y un 2% mencionó la guerra, la inmigración, los impuestos y la educación, respectivamente.

El extremismo reaccionario del Tea Party más bien fue la causa de dos derrotas claves de los republicanos en plazas que se daban por descontadas por la debilidad de los demócratas, como Nevada donde Sharon Angle no logró vencer al veterano Harry Reid, y en Delaware, donde la citada Christine O'Donell no superó al demócrata Chris Coons. Sin estos fracasos los republicanos habrían logrado también el control del Senado.

Sin embargo, la combativa denuncia de una crisis económica que completa su cuarto año consecutivo, y de la incapacidad del gobierno y la clase política en pleno para resolverla, estuvo en línea con la constatación que hacen millones de trabajadores que han perdido su puesto de trabajo y han visto diluirse su patrimonio de vivienda, además de quedar endeudados hasta la coronilla.

La citada encuesta de CBS News revela que 62% de los norteamericanos sienten seriamente que las cosas en ese país van mal ("they feel things have pretty seriously gotten off on the wrong track"); esta respuesta, entre los que se reclaman del Partido Demócrata, alcanza un importante 37%. En palabras de Noam Chomsky, "las elecciones intermedias de Estados Unidos registran un nivel de cólera, temor y desilusión en el país como nada que pueda recordar en mi existencia" ("Las elecciones en EEUU, atroces y equivocadas", Noam Chomsky, La Jornada de México, 7.11.2010).

Lo verdaderamente resaltante de la situación política norteamericana, es que frente a la profunda crisis económica capitalista, la iniciativa o la voz cantante haya sido tomada cínicamente por un movimiento que es la más rancia expresión del capitalismo norteamericano. Según apunta Dave Levinthal, del Center for Responsive Politics, "las contribuciones relacionadas con Wall Street se han volcado con los republicanos desde principios de año, casualmente coincidiendo con la nueva regulación financiera".
 
Dentro de las filas de la juventud y los movimientos sociales que contribuyeron a llevar a Barack Obama a la presidencia, primó la desilusión y la pérdida del entusiasmo de hace dos años, lo que se tradujo en un ausentismo de las urnas. Y no es para menos, pues en temas de política frente a la crisis económica y las guerras que se desarrollan en Irak y Afganistán, Obama no sólo no honró su compromiso de cambio sino que, más allá de los modales, no se diferencia en nada de su antecesor George W. Bush.

Por el lado de las direcciones de la clase trabajadora norteamericana tampoco hay una voz independiente, y más bien los jerarcas sindicales son partícipes de la negociación de los rescates corporativos y los planes de estímulo, además de los acuerdos para reducir personal y remuneraciones ante la crisis, y por tanto caen el mismo saco de lo que las masas trabajadoras hoy cuestionan.

La otra contienda

El movimiento Tea Party ha cobrado más fuerza con el triunfo y están decididos a apoderarse del control del Partido Republicano, y a imponer lo que ellos consideran es el mandato del pueblo en lo que se refiere a la política económica. Pero eso no ha hecho más que desencadenar otras contradicciones. Desde ya, en el propio partido republicano se ha comenzado a organizar una resistencia contra el Tea Party encabezada nada menos que por George W. Bush y compañía; asimismo, las limitaciones políticas del movimiento ultraderechista parecen convertirlo en el rival preferible de Obama en el 2012, sobre todo si tuviera que enfrentarse a Sarah Palin. Y en el campo de la política económica, el ajuste fiscal sin tocar los intereses de las corporaciones podría llevar a EEUU a la misma situación de los países europeos, que es lo que hasta hoy quiere evitar.

Al respecto, ya existe en Washington un proyecto de plan para la reducción del déficit, que dispone cortes a diestra y siniestra, medidas como el aumento en la edad de jubilación, control en los beneficios de Medicare e incluso la eliminación de créditos impositivos por los intereses hipotecarios y los créditos por hijos. También incluye una reforma al código tributario, reduciendo los impuestos a los réditos personales y corporativos. Obama ha dejado abierta la posibilidad de aceptar algunos aspectos de este plan.

Sin embargo, el gobierno Obama ya ha puesto en práctica la llamada “flexibilización cuantitativa”, que no es otra cosa que la “maquinita” o emisión inorgánica de dólares (tantos que están inundando el mundo entero) para tratar de tapar el déficit fiscal, con sus efectos inflacionarios que, como se sabe, golpean primordialmente a las masas trabajadoras.

De modo que la perspectiva en EEUU depende no tanto del entusiasmo que pueda tener el Tea Party en el plano electoral, sino de lo que pueda hacer la clase capitalista en sus intentos de descargar la crisis sobre los trabajadores y el pueblo, por un lado, y de la respuesta que pueda dar la clase trabajadora y las masas empobrecidas ante esta arremetida, por el otro.

Antonio Encinas es 
Dirigente nacional del Nuevo PST de Perú

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