Fujimori, el «Drácula» del Perú Ex-presidente condenado por criminal: el japonés enjaulado
Por Cristina Castello
Especial para Kaos en
Fue un presidente constitucional
de facto. Y este contrasentido no es metáfora. En el Poder del Perú desde 1990
hasta el 2000, fue tirano y criminal. Así lo declaró
Imposible hablar de Fujimori, sin
mencionar al presidente actual del Perú, Alan García Pérez, ya se verá. El
pájaro enjaulado no se privó de cometer barbaries, ni de decir mentiras. Justo
cuando debía exponer su programa de gobierno en
Tan hábil para matar como para
arropar su cobardía, consiguió súbitamente la nacionalidad japonesa y huyó a
Tokio, en noviembre de 2000. Fue cuando se descubrió la red de corrupción, de
la que formó parte, encabezada por el entonces jefe de los Servicios de
Inteligencia (SIE) e informante de
Desde la ciudad sede del gobierno
de Japón, el evadido renunció a la presidencia, en noviembre de 2000 de una
manera inaudita. Envió un fax y... ¡ya está! Caramba qué originalidad, inédita incluso en los anales de las
felonías, que consuma el hombre cuando está en el Poder. Y fue más lejos: por
temor de que la flamante ciudadanía japonesa no fuera suficientemente segura
para ampararlo de la ley, se postuló al congreso nipón; buscaba la inmunidad
parlamentaria. Después, y con el propósito
de presidir de nuevo el Perú, regresó vía Chile, donde fue hecho prisionero, y
finalmente extraditado.
Ahora, condenado por la justicia
peruana y en prisión, en el mundo se lo conoce como el reo Fujimori. ¿O acaso
hay que apelar a eufemismos, cuando el sacrilegio es el terrorismo de Estado,
nada más y nada menos? Es un reo, otro más.
No tiene traje a rayas, ni está
marcado con un número, como las víctimas de los campos de exterminio, o como
los seres que él ordenó lacerar; o como estuvieron tantos otros cuyas muertes
decidió. Al contrario, tan furioso como gélido, aún detrás de las rejas sigue
queriendo imponer su siembra de muerte, hambre y desolación, a través de una de
las hijas de la madre martirizada por orden de su papá. Keiko Fujimori, su
bebé, lleva la antorcha de sombras que
su padre le legó, y la esgrime como bandera en su candidatura presidencial.
«Chinochet»
saldrá de prisión en el 10 de febrero de 2032.
Nacido en 1938, tendrá 94 años: ¿llegará? ¿Llegará a esa edad, y llegará
a cumplir la condena, que el presidente actual lucha por burlar para que su
cómplice recupere la libertad?
Los cargos que
El trabajo impecable de los
tribunales peruanos, es un hito en la
historia de
Él aúlla que apelará, para no purgar sus crímenes; y
no sólo ante las instancias habituales de
Bamboleos
Las expresiones del diario «New York Times» sobre la condena, parecen una pieza de ética. La calificó de
«alentadora» y puso el acento en la conducta ejemplar de
porque
los crímenes de lesa humanidad no deben permitirse; y, si ocurren, merecen
punición, siempre según la mirada del diario de los USA.
Y fue más lejos, dijo lo que
tantos peruanos claman con ardor: que la sentencia es un aviso serio para el
presidente actual.
Desde luego. Durante la primera
presidencia de Alan «Caballo loco» García Pérez en el Perú, se organizó el
Comando Rodrigo Franco, que barrió poblados andinos enteros, las matanzas de
campesinos eran habituales y también los desaparecidos. En el ’85 había
ordenado
Al igual que en el caso del
«Chino», se instruyeron contra él, diversas causas por crímenes de lesa
humanidad, que eludió gracias a la ayuda del cómplice japonés. Y hoy, sigue
encarcelando inocentes, persiguiendo a poetas, matando aborígenes e intentando
liquidar
Alan García cobijó también al
venezolano Manuel Rosales, un delincuente,
de la oposición chavista, buscado por
Mientras tanto, así como los niños
balancean su pureza, cara al cielo, en los columpios de los parques de
diversiones, el «New York Times» se bambolea entre
dos extremos, aunque jamás con cielo. Sostuvo y sostiene que Fujimori hizo maravillas cuando llegó al
poder, ya que detuvo una inflación galopante; en una palabra: porque instauró
el neoliberalismo a ultranza, como un alumno obediente de Norteamérica.
En una palabra: celebra que se
haya hecho justicia con el mismo reo al que sustentó. ¡Recórcholis! Si,
justamente, la violencia, los crímenes de lesa humanidad y el Estado de terror,
fueron el andamiaje necesario para imponer las políticas económico-financieras
del Régimen.
¿O acaso el «New
York Times» ignora que el Perú es el patio trasero de los EE.UU.? Sirva como
triste ejemplo, que desde el 23-08-90 la embajada norteamericana en el país de Túpac Amaru y César Vallejo, sabía detalladamente el plan fujimorista
de operaciones, para realizar asesinatos. Las pruebas están en manos del
Archivo de Seguridad Nacional, de uno de sus analistas, Meter Kombluh, y de Kate
Doyle testimonio experto en el juicio a «Chinochet».
El japonés, cierto, de nada malo
se privó. Documentos secretos confirman que, junto a su ex asesor Vladimiro
Montesinos, ayudó a Carlos Menem cuando era
presidente, a ocultar información sobre contrabando de armas de Argentina a
Ecuador. Él y su «comunidad de inteligencia», supieron de los preparativos para
el comercio ilegal de fusiles, no bien éstos comenzaron. «Gracias»
a la complicidad del nipón, decenas de oficiales y soldados peruanos, perdieron
la vida en Alto Cenepa y nadie fue sometido a juicio.
Menem
está procesado por
Sin máscara
70 años tuvo para aprender la
fraternidad, pero eligió el camino inverso. Ingeniero agrónomo, físico,
matemático, devenido político. Naoichi y Mutsue Fujimori, sus padres lo vieron nacer en el Perú,
adonde habían acudido en busca de trabajo y buena calidad de vida. El Perú se
los dio, y el hijo se encargó después de arrasar el país que les brindó bienestar.
Fue con «Cambio 90» que Fujimori se postuló a la
presidencia en las elecciones de aquel año. Su contrincante era el escritor de
derechas Mario Vargas Llosa. Después de haber obtenido un escaso 20% de
sufragios, en el ballottage se acreditó la
presidencia con el 60%. Trampas de la
vida, recibió el respaldo de varios grupos de izquierdas; y, por cierto, el de
su cómplice Alan García, por entonces primer mandatario, por el APRA.
Salvo para matar, al comienzo de
su mandato Drácula se mostró sin máscara. Sin máscara, su gobierno dependió
—directamente— de la asesoría de Norteamérica, y del Fondo Monetario
Internacional (FMI), con una participación activa del agente de
Terminó con el grupo ciertamente
terrorista «Sendero Luminoso»; y también
con el Movimiento Revolucionario Túpac Amaru (MRTA),
de muy distinto origen y objetivos que Sendero. No, no «terminó»: exterminó a
los integrantes, a fuego abierto, mediante torturas sofisticadísimas y
desaparición forzada. El terror de Estado, en lugar de
Le llegó el
final, ¿el final?
Fue recién a fines de los ’90 que
la ciudadanía comenzó a despertar; a descubrir la corrupción y la crueldad. En
2000 «Chinchonet» ganó de nuevo la presidencia, pues
su opositor, Alejandro Toledo, se retiró sin participar de la segunda vuelta
electoral. Y todo se precipitó. A través de un video, salieron a la luz
infinitos actos de su perenne corrupción. Entonces el valiente Drácula, a quien
no le había temblado la mano para las órdenes de asesinar, huyó. Y entonces, el
Japón, y entonces, su renuncia por fax. Atrás había quedado también —se había
salvado— Susana Higuchi, torturada por orden de su
esposo siempre bestial. Y de los cuatro hijos de la pareja, él no ve sino por
los ojos de una ellos, Keiko, su bibelot.
En 2006 Fujimori se casó con la
poderosa empresaria nipona —propietaria de hoteles y campos de golf— Satomi Kataoka, hoy 42 años, para
asegurarse de no ser rechazado en el país de su sangre oriental. El matrimonio
se hizo legal a las tres de la madrugada y en ausencia.
—«Yo siento que eres parte de mi destino. Quiero
casarme contigo», dijo entonces el actual presidiario a su japonesa.
— «Él me
dice que me ama, y yo también lo amo, pero lo admiro más como ser humano.
Fujimori llenó un vacío en mi corazón y fue él quien me salvó espiritualmente.
Él me brindó cariño y calor humano», dijo la japonesa, sobre su
peruano-japonés.
Ahora Kataoka ve a Fujimori como un Cristo que está siendo
sacrificado, y al juez y al fiscal como demonios.
Demonio «Chinochet»:
La madre de sus hijos fue vendada,
encapuchada, sometida a electroshock y torturada hasta casi morir.
—«Cuando estemos lejos, si se siente solo,
que se lleve a mi perro», había reído la japonesa.
Hoy nadie ladra en la prisión
del Drácula del Perú, pero la justicia universal clama por escuchar el aullido
enjaulado de Alan García Pérez, para que Nunca Más.